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Mostrando entradas de 2022

Novela: No mires a los ojos. Capítulo 3

Capítulo 3     Hice un pequeño gesto disimulado para alejar la mochila del señor Chalecos. La cosa ya estaba suficientemente rara como para que encima se enteraran de lo que llevaba en la mochila. La idea en ese momento era clara, ir a la habitación a refrescarme un poco, cenar y dormir hasta que abrieran la gasolinera para continuar mi huida. Y ante todo, pasar desapercibido, aunque siendo el único huésped del establecimiento se me antojaba un poco difícil.     El olorcillo a rancio me devolvió la cabeza al ahora. Nos quedaba pasar por delante de una de las habitaciones antes de la que tenía la puerta abierta. Yo caminaba delante y mi anfitrión continuaba con su mano aparcada en mí, sin permitirme girarme hacia atrás.     Solo escuchaba sus pasos y los míos sobre la moqueta por lo que dí por sentado que, Lucía, se había marchado junto con el cocinero y me relajé un poco.     —Jefe, menos mal que ha bajado de revoluciones. Estaba tan acelerado que pensé que le iba a dar un parraque.   

Este domingo, El salto de los inocentes: GRATIS

      Este domingo estaré regalando mi novela "El salto de los inocentes" en Amazon en su edición para Kindle.     Se trata de una novela de suspense con toques distópicos y ligeramente futurista. Seguro que no te defrauda.     Es el único día del año donde estará disponible este regalo así que no lo dejes escapar.     Bájalo, comparte este post y deja tu comentario en Amazon.     Mil gracias por estar ahí.     Si ya lo leiste... ¿qué te pareció?¿Eres del equipo Sosa o el equipo Ortiz?     Te leo en los comentarios.

Novela: No mires a los ojos. Capítulo 2

Capítulo 2     Comencé mi pequeña procesión hasta la luz caminando emparedado entre mis caseros. Delante de mí las sandalias seguían chirriando cada vez que su talón las rozaba. Detrás la chica no emitía ningún tipo de sonido destacable. Se limitaba a seguirnos.     El pasillo no era especialmente ancho, creo que podría tocar ambas paredes con las palmas de mis manos si me abriera de brazos y eso que no llego al metro setenta. Aunque mirándolo mejor, mejor no tocar aquellas paredes grises y rugosas.     Llevé la vista hacia la pared del fondo y sobre la pared izquierda, frente a la puerta, había un pequeño marco que deduje pertenecía a un espejo por el cuadro pequeño de luz reflejado en la pared contraria.     Las puertas se sucedían una tras otra cada cinco o seis metros. Un pequeño número metálico estaba clavado en la parte donde iría una mirilla y, al contrario a otros hoteles más modernos, conservaban un pomo con cerradura como método de apertura.     Una puerta, rechinar de pies,

Novela: No mires a los ojos. Capítulo 1

Capítulo 1     Entré siguiendo sus pasos en el amasijo de ladrillos y gotelé que parecía regentaba. Y una bofetada de aire caliente me golpeó la cara. Él siguió caminando hasta detrás del mostrador. Hasta que no entramos no pude percibir como las sandalias que llevaba rechinaban a cada paso que daba el muchacho con sus piés sin calcetines y el gustoso olor a los mejores quesos manchegos que rodeaba el recibidor.     Me paré un par de pasos después de cruzar la entrada, justo delante del mostrador y la puerta se cerró de golpe detrás de mí. Abracé la mochila y miré hacia atrás con el corazón en plena fuga de mi pecho.     —Pero no se preocupe, es que cuando abrimos para ventilar las habitaciones se monta corriente y las puertas se cierran de golpe. Por eso no tienen cristales. En fin, a nombre de quién pongo la habitación.     Dejé de mirar la puerta y la vista se acomodó al tono lúgubre que tenía aquella sala enmoquetada. El gotelé amarillento cubría paredes y techo y, salvo un cuadro

Novela: No mires a los ojos. Capítulo 0

Capítulo 0     Paré el coche junto a la entrada del motel. La única farola que regentaba el parking exterior se encendía y apagaba continuamente, como si tuviera algún tipo de tic nervioso causado por estar parada en ese lugar.     El edificio era una mole alargada con unas cuantas ventanas en los laterales y una puerta de doble hoja en uno de sus extremos. Junto a esta un tipo con unas bermudas hawaianas y sandalias de natación tenía puesto un chaleco rojizo de donde colgaba una pegatina con su nombre.     Parece que en algún momento temporal el edificio fué de color blanco, pero creo que eso fue solo el día que lo inauguraron. El hollín de los tubos de escape de la nacional seguro que había tenido algo que ver con el color gris de la pared y la piel del recepcionista.     Miré hacia la puerta y el chico me miró mientras aspiraba con fuerza el cigarrillo sujeto por sus labios y yo volví a mirar la gasolinera cerrada junto al edificio. Y de nuevo miré la luz roja que me indicaba que ha

Relato: la vecina

La vecina     Martina, mi vecina del tercero A tiene poco más de trece años. Llegó hace un lustro con sus madres huyendo de la capital.     Antes era una cría adorable que con el paso de los años se ha convertido en la mayor maleducada del mundo. Si nos ve a mí o mi marido llegando al portal, sale corriendo para entrar ella primero en el ascensor. Nos habla como si fuéramos el grupo de amigas esas a las que ve en el parque mientras fuma y bebe cerveza con una sucesión de tacos que describen las partes más íntimas de la anatomía humana. Incluso hay ocasiones en las que hace eso mismo en la entrada del bloque y para pasar parece que estamos haciendo slalom. Creo que no hace falta resumir que la jovencita nos tiene hasta el último pelo del remolino de la cabeza.     Aún recuerdo cuando llegaron y utilizamos los pomperos de mis nietos para que se entretuviera. Saltaba como una gacela de esos documentales que tanto le gustan a mi Paco. Saltaba y brincaba explotando las pompas, pidiendo que

Relato: materia prima

Materia prima     Un par de puntos rojizos brillaban junto a la cortina del salón. Con la respiración acelerada, Claudia estaba sentada en el suelo abrazándose las piernas con las manos cubiertas de sangre.      —Señorita, nos han llamado para denunciar bastante ruido, ¿se encuentra bien? —dijo Elisabeth iluminando su cara con la linterna.      —Ha llamado la vecina de abajo, ¿verdad? Esa zorra envidiosa.      —Discúlpeme pero las preguntas las hago yo. ¿Está sola?      Claudia miró hacia su izquierda y Elisabeth siguió su mirada con la linterna. Un cuchillo jamonero estaba a unos pocos centímetros de su pie. Siguió recorriendo el suelo donde un pequeño río de sangre poco a poco iba ganando caudal. Una zapatilla torcida con su inquilino aún unido a ella hizo que levantara la luz de golpe para volver a iluminar la cara de Claudia. Sacó su pistola y la apoyó debajo de la luz.      —¡No se mueva y coloque las manos sobre su cabeza!      —Usted no lo entiende. Me tiene envidia. ¿Y llama a

Relato: el pastel

El pastel      Un unicornio se paró justo delante de mis narices y empezó a chuparme la cara. Sabía que lo que yo estaba viendo distaba mucho de la realidad. En mi casa estamos yo y mi perro Charly y, a parte de nosotros, ninguno de los otros seres eran reales. Me llevé las manos a la cara para apartar a aquel caballo con DLC y se esfumó en una nube de humo blanquecino.     —¡Charly! —grité levantando ligeramente la cabeza.     Apoyé las manos en el suelo enmoquetado y tirando de abdominales recuperé con cuidado la verticalidad quedándome sentado. Comencé a escuchar los ladridos que venían desde el salón pero, por más que miré en aquella dirección, era incapaz de llegar a verlo. Un enorme trol mohoso apoyaba su espalda contra el techo mientras me miraba fijamente y cubría con una de sus patas la puerta por la que se suponía debería llegar mi compañero de piso.     Agité la cabeza buscando despejar un poco la mente y solo conseguí que todo girara de nuevo. Un “cuerpo a tierra” inconscie

Relato: el entrenamiento

El entrenamiento     Desperdiciar fuerzas conmigo. Eso era lo único que le importaba después de haberme cruzado la mano por la cara como un tren que arrolla a un conejo insignificante. Imparable. Sin inmutarse lo más mínimo.     En la academia O'Connor nos inculcaron desde el primer día que el hombre que proporciona información era un cadáver en potencia. Ya sea porque nos liquide su captor o porque nuestro propio gobierno decida que ya no es de utilidad.     La primera semana de formación es relativamente variada. El señor M se limita a pasear entre nosotros con una libreta deseando tachar el siguiente nombre.      El barracón donde vivimos apenas tiene un tragaluz en el techo y salvo cuando entra él y se va, no tenemos noción alguna del momento del día en el que estamos. Las raciones de comida son claramente insuficientes y las colocan en el centro de la sala en una posición intermedia entre las literas. Solo hay comida para un par de nosotros y, en cierto modo, esto ya es una

Relato: cita a ciegas

El relato de esta semana va de valorar a las personas que nos rodean y no perder el tiempo en cosas que no lo merecen. Sin más os dejo con el relato: cita a ciegas. Espero que os guste Cita a ciegas     Hasta esta noche no sabía que un trozo de cartulina podría ponerme tan nervioso. Lo tengo delante de mí, sobre el tapete de flores de una mesa redonda, sujeto por un portafotos de plástico amarillento y junto a una vela. «Diecisiete».     Pensaréis, pero si no es el primer día que vienes al local, ¿por qué precisamente hoy estás tan nervioso? Lo primero, es la primera vez que ella se ha dignado a aparecer. Me ha costado cambiar como veinte veces la foto de perfil de mis redes. Inventarme nombres exóticos que llamaran su atención. Incluso he pagado alguna que otra campaña publicitaria en eso del «Feisbu» para que le surgiera la curiosidad por mí. Pero el amor es así, no tiene límites.     La primera noche que vine conocí a Mariela que, aunque estoy seguro de que no era su auténtico nombr

Relato: el refugio

    El relato de hoy va de llevar al límite las expectativas que tiene el resto del mundo de nosotros. Hacernos fuertes y vencer a las adversidades aunque a veces duela. Espero que os guste el relato: el refugio. El refugio     Al apartar la rama un enjambre de luces iluminaron el camino hasta la puerta del refugio. Miré a ambos lados antes de poner el pie en el comienzo del camino adoquinado, pero no encontré rastro de ellos y, sin reflexionar, decidí seguir con mi camino. Estiré la pierna derecha y apoyé la planta de mis Converse sobre el suelo marrón y ligeramente resbaladizo. En ese momento los minúsculos puntos led que iluminaban la senda comenzaron a zumbar y a ascender. Eran como un millón de luciérnagas atraídas hacia las estrellas como si un dios tirara de unos hilos invisibles hasta dejar todo a oscuras.     El zumbido duró aún unos segundos después de que desaparecieran y entonces un leve chasquido detrás de mí me puso en alerta.    Nada a mi derecha.    Nada a mi izquierda.

Relato: el disfraz

El disfraz     La distancia entre los dos era de unos pocos centímetros, unos cincuenta o sesenta. Exactamente la distancia que había establecido entre ellos la última mesa que decidieron comprar juntos. Ella lo miraba levantando un poco la vista para enfocar su cara e inmediatamente volvía a mirar a la base de sus codos.     Él permanecía impasible mirándola de frente, sin retirar un ápice la mirada de su rostro cabizbajo mientras apoyaba a duras penas sus codos magullados sobre la mesa. Apoyaba su mandíbula sobre la cuenca de su dedo índice y pulgar de la mano izquierda mientras que, con los dedos de la mano derecha, acariciaba suavemente la cicatriz que hacía pocos minutos había brotado en su cara.     —Te dije que no era buena idea.     Después de un rato callado por fín se había dignado a dirigirle la palabra y, María, volvió a alzar la mirada, esta vez sin bajarla.     —En mi cabeza la imagen era bastante más idílica de lo que finalmente ha sido. Pero,  es que, ¡cómo dices que no