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Mostrando entradas de octubre, 2022

No mires a los ojos. Capítulo 14. Azulejos

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Se empujó con los pies para moverse hacia la pared que había detrás de ella. Apretó con fuerza y los dedos empezaron a perder el poco color que tenían. Bajó con fuerza las manos contra el suelo debajo de sus rodillas, impulsándose hacia arriba, apoyando sus hombros contra la pared. Volvió a mover los brazos de manera acompasada, dando pequeños impulsos hacia arriba. Poco a poco fue recuperando la verticalidad hasta quedar totalmente erguida contra la pared. Llevó su cabeza hacia los azulejos, movió un poco retirar el pelo que cubría su oreja y la colocó sobre la pared que daba al salón. —¿Escuchas algo? —¡A ti! —dijo en mi cabeza. Apreté un poco los labios como para hacer que los cerraba con una cremallera pero, al no tener ninguna mano libre para cerrarla, me quedé mirándola poniendo pico de pato a lo que ella sonrió sin mover la oreja de su sitio. Pasaron unos segundos que se me hicieron eternos al verla allí parada sin hacer el más mínimo movimiento. El agua seguía corriendo junto a

No mires a los ojos. Capítulo 13. Lucía

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Respiré profundamente inundando mis pulmones de aire hasta donde me dejaban mis ataduras. Moví el hombro derecho con fuerza, tirando de la mano hacia arriba. Notaba como la cinta que tenía en las muñecas me aprisionaba la piel haciendo herida. Apretaba los dientes y los labios para reducir el nivel de ruido que hacía. Después de cada intento, respiraba varias veces recuperando la respiración y volvía a intentarlo con el lado que menos dolorido tuviera. El tiempo jugaba en mi contra. Esos dos no parecían estar bromeando. Los yugos que abrasaban mi piel no bromeaban en absoluto. El sudor estaba muy presente, tenía calor y sed, pero no iba a beber nada de agua. El paralizante en mi organismo parecía ser un seguro de vida y tenía que usarlo como tal. Estaba dolorido después de diez intentos cuando su voz me paralizó. —Creo que nos hemos metido en un buen lío. —¡No se te ocurra acercarte a mí! Mi boca escupió esas palabras al aire, cerré mis ojos para no mirarla y empecé a repetir el nombre

No mires a los ojos. Capítulo 12 - La prueba

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Soñaba con que algo me presionaba en la parte superior del antebrazo. Era como la punta de un bolígrafo que poco a poco fue bajando hasta mi muñeca. Aunque quería, era incapaz de verlo. Tenía el cuerpo rígido. Cuando llegó a la altura de la muñeca, un golpe seco hizo que atravesara mi piel y me desperté. Abrí los ojos de par en par y grité tan alto como pude. Seguía sin poder moverme, atado en aquella mesa. Cerré los puños con fuerza y tiré hacia arriba con las manos, sin éxito. La cabeza de Don Chalecos apareció delante de mí. Demasiado lejos como para poder darle un cabezazo y lo suficientemente cerca como para que golpeara mi cara las salivas que lanzaba al hablar. —Parece que ya está mejor, Jefe. —¡Soltadme malnacidos! —grité mientras me intentaba retorcer de manera infructuosa. —Que más quisiéramos, ¿verdad, Regi? —Verdad, Luis. No es nada en especial contra usted —se volvió condescendiente—, pero si el verano es complicado, el invierno lo es más. —¿Qué mierda dices? —Digo que ere

No mires a los ojos. Capítulo 11 - Despierta

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—¿Crees que está muerto? —Sería una pena que tuviéramos que desechar tanta carne. Hacía bastante que no teníamos carne joven para preparar. La cabeza me dolía como si me hubieran golpeado con un martillo olímpico. Intenté tocarme la cabeza, pero la mano no se movió de su sitio. Algo me tenía sujeto. Intenté abrir los ojos, pero solo me salió un parpadeo largo. Notaba como algo salía de mi oído, ligeramente cálido y bajaba por el lóbulo hasta mi cuello. Algo húmedo golpeaba la zona una y otra vez, sin llegar a parar el flujo líquido que notaba. Giré la cabeza apoyándola sobre el cogote hacia el lado de la herida antes de abrir los ojos y ver que Cancerbero se esmeraba en lamerme la cara. Sus fauces estaban demasiado cerca de mí, pero no podía moverme. Moví la vista mirando hacia mis pies. Una especie de tira sujetaba mis hombros. Intenté mover las piernas y las manos y entendí que algo similar me las sujetaba. El perro comenzó a ladrar con fuerza junto a mi odio. El sonido comenzó a reb

No mires a los ojos. Capítulo 10 - La cena

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Al cocinero golpeó con fuerza la puerta y eso hizo que Lucía quitara inmediatamente la mano de mi pierna. Aproveché ese momento para moverme un poco hacia la izquierda, pegándome al máximo contra la pata de la mesa. Con la rodilla di un pequeño toque con mi pantalón y la piel desnuda de Don Chalecos. Este me miró y me sonrió levemente. Inmediatamente, mis dos piernas quedaron una junto a la otra, tan apretadas como podía, en el centro exacto del lateral donde me sentaba. Regi dejó caer la bandeja que traía sobre la mesa y la loza se elevó ligeramente para volver a colocarse en su sitio. —Buenas noches —comenzó a hablar mirando a Don Chalecos y posteriormente a Laura—, a los tres —y ahí se quedó mirándome fijamente. —Buenas noches —fue lo único que alcancé a repetir. —El menú para esta noche es sencillo debido a lo inesperado de la visita —continuó hablando sin apartar su mirada de mí—. De primero se servirá pierna de cordero horneada con verduras salteadas. Señalaba a la bandeja que ac

No mires a los ojos. Capítulo 9 - A cenar

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Después de respirar un par de veces en profundidad, noté que olor a químico arrancaba de mis pulmones el de moqueta y sudor. Decidí que cerrar la puerta no era tan mala idea. Abrí el grifo del lavabo que a su vez valía como alcachofa de la ducha y, para mi sorpresa, todos los puntos de salida de agua funcionaban sin que hubiera ninguno que escupiera el agua hacia otro lado. En la cerámica se marcaba un círculo perfecto que parecía hervir bajo el agua. Metí la mano y el caudal estaba como a cinco grados menos que la temperatura ambiente. Metí la segunda y las froté levemente entre ellas bajo el flujo continuo de agua fresca y poco después no quedaba rastro alguno de lo que fuera que llevara pegado en las manos. Revisé un par de veces que todo estaba correcto y volví a meter las manos en el agua y acto seguido llevé un poco de ese líquido celestial contra mi cara. Dejando que se deslizara por mi piel hasta caer de mi nariz y mi barbilla. Luego, con las manos aún húmedas, me acaricié el c

No mires a los ojos. Capítulo 8 - Amoniaco

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Cuando escuché que el animal pasaba de largo, relajé un poco la presión que estaba haciendo con los pies contra la moqueta y bajé los brazos hasta apoyarlos en el manto mullido y sucio que formaba la moqueta. ¿Quién en su sano juicio pondría una moqueta en un hostal en medio de la nada cerca de Cáceres? Hice un poco de presión con las palmas apoyadas en el suelo para incorporarme un poco, acercando la base de mi espalda a la madera de la puerta. Algo viscoso empezó a elevarse entre mis dedos de manera sincronizada a la presión que hacía. Levanté la mano para mirarla. La luz en la habitación era demasiado tenue para apreciar algo más allá de una mancha ligeramente oscura. Llevé un poco la mano hacia mi nariz, buscando tener un poco más información sobre lo que podría ser aquello. Inspiré suavemente y fue como si un puñetazo golpeara la boca de mi estómago, debajo del esternón. Apreté con fuerza los labios, giré la cabeza en dirección contraria dándome un sonoro cabezazo contra la madera

No mires a los ojos. Capítulo 7 - Equipo de limpieza

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Al entrar en el pasillo dejé mi mano agarrada al pomo de la puerta y tiré hacia mí con fuerza para dejarla bien cerrada. La vista tardó un par de segundos en acostumbrarse al cambio de luminosidad y por un instante no veía nada. Poco a poco empecé a verme reflejado en el espejo que estaba frente a mi habitación. Esta huida no había contribuido a reducir mis ojeras que casi se amorataban. Siempre he tenido la piel morena en verano y eso me ayudaba a ocultar un poco la fatiga que los niñatos me causaban. Di un par de toques con la mano en mi flequillo y, sin venir a cuento, una luz me iluminó el flanco derecho de la cara. —¡Paso! Gritó el cocinero saliendo del baño del fondo del pasillo. Noté como clavaba su hombro en mis costillas y me empujaba de cara contra la pared. Coloqué las manos a tiempo para no golpearme con el espejo y acto seguido ya nada me presionaba la espalda. —¡Maldita sea! Tenga cuida… Comencé a decir mientras recuperaba la verticalidad con un leve impulso de mis manos

No mires a los ojos. Capítulo 6 - Svetlana

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Por un momento me quedé totalmente petrificado mientras las babas salían expulsadas en cada ladrido del animal. —Los perros no son malos —comencé a repetir mentalmente intentando alinear mis latidos con la respiración. Entrecerré los ojos sin dejar de mirarlo. Inspiré profundamente y expiré hasta escurrir mis pulmones como el que estruja una fregona para volver a repetirlo. En un par de ejecuciones el perro no paraba de ladrar, pero yo ya me sentía más tranquilo. —No le habrá asustado el perrete. ¿Verdad, Jefe? —gritó don Chalecos con voz de esfuerzo. Lo miré y tenía sujeto al can con una correa de cuero y tiraba con todo el peso de su cuerpo hacia atrás. —La verdad es que no me lo esperaba y me llevé un buen susto. —No se preocupe, Jefe. Cancerbero es un perro superbueno siempre que no tenga hambre. Sonrió mostrándome de nuevo su sonrisa de dientes marchitos. Una ráfaga de aire cálido de fuera levantó un poco de polvo junto a los camiones del descampado, avanzó hacia mi ventana acaric

No mires a los ojos. Capítulo 5 - Astillas

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Me quedé un poco junto a la puerta hasta que dejé de escuchar como chirriaban los pies de don Chalecos. Recorrí con la mirada la habitación en busca de algo con lo que bloquear desde dentro la puerta, pero aquel trozo de moqueta rodeado por paredes no me ofrecía mucho. Una ventana con rejas exteriores me miraba desde la pared contraria, dejando pasar los pocos rayos de sol del atardecer. En el techo colgaba una lámpara con un bulbo de cristal blanquecino y una única bombilla que debió ser el furor de las tías de pueblo en los años 70. A mi derecha había una mesa minúscula de un único apoyo, muy parecida a las que ponen en los bares para comer de pie, pero como si le hubieran disparado con un rayo menguante. Junto a esta una especie de minibar del que salía una luz que agonizaba por su vida. En la pared contraria y casi tocándose con mi maravillosa cocina, una cama de una plaza se sujetaba contra la pared. Me pareció una buena idea bloquear la puerta con la cama hasta que vi que estaba