Entradas

No mires a los ojos. Capítulo 32 - Susto o muerte

Imagen
Un par de golpes contra el cristal llamaron mi atención. Lucía estaba sentada en el asiento trasero del coche de Marquitos. En la puerta principal estaba Don Chalecos. Tenía la mano ensangrentada. Cancerbero se limitaba a estar a su lado, chupando las gotas que iban precipitándose. Lucía dio un nuevo golpecito y me hizo un gesto con la mano, apremiándome a que fuera con ella. Nunca había tenido tanto sentido para mí la frase de: Elige, susto o muerte. Y nunca había tenido tan clara la respuesta. Me incorporé clavando la rodilla contra el suelo. El asfalto seguía caliente y al colocar la mano sobre él algunas pequeñas piedras se me clavaron. —Pero espere, Jefe, no se vaya. Tiró un par de besos al aire y como un atleta que esperaba el pistoletazo de salida, comencé a correr. Sin llegar a incorporarme del todo, estiré el brazo para recuperar la mochila. La agarré del asa y continué mi carrera hasta el coche de M arquitos . Cancerbero comenzó a correr hacia mí. Lucía me apremiaba con la m

No mires a los ojos. Capítulo 31 - Croqueta

Imagen
ba como Cancerbero arañaba la puerta. El talón de Don Chalecos rechinaba cada vez más cerca al otro lado. Busqué algún cerrojo que pudiera hacer un poco de resistencia, pero no había nada. Solo los agujeros llenos de serrín donde en algún momento hubo algo que sujetara la puerta. Estiré la pierna y el empeine, pero no llegaba a la pared contraria para hacer tope. Intentaba mantener el hombro apoyado contra la puerta, que era lo único que me separaba de ellos. Escuchar como se acercaba el sonido de su pie al roce con la chancla era algo que hacía que el corazón me fuera a mil. Pero no fue nada comparado cuando dejé de escuchar a Cancerbero y el rechinar se paró. Intenté hacer presión contra el lavabo. Al apoyar el pie en la cerámica, la base gelatinosa que tenía adherido a la suela hizo que resbalara. Perdí por un momento contacto directo con la puerta y golpeé accidentalmente el soporte que unía el lavabo con el suelo y este se movió levemente. Rápido corregí mi postura. “Toc, toc, t