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Relato: Saltadores de humo

Saltadores de humo      —Estaremos sobrevolando el perímetro del incendio en unos tres minutos.     —Oído, Jerry —dije mientras me colocaba de nuevo el casco. Levanté la cabeza y seguí hablando.     »Chicos, este pequeño demonio se está poniendo muy feo. Parece que ha empezado con una barbacoa en una de las casas que están dispersas por la zona. El área de propagación está cubierta de chaparral y nos esperan unas agradables temperaturas de 135 grados. —Todos sonrieron—. ¡Hoy vamos a darlo todo!     Las confirmaciones se sucedieron una tras otra en mi oído, pero no los veía especialmente emocionados. El primer salto del año siempre es especial. Por un lado, está la adrenalina acumulada del que quiere empezar cuanto antes y, por otro, el miedo a poder perderlo todo. Pero de esto último no está permitido hablar hasta que termine la última misión de la temporada.     Llevábamos un par de meses practicando las técnicas de extinción y para más de la mitad de los chicos será la primera vez qu
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Relato: La maratón

La maratón      El humo de la bala de fogueo ascendió después de que sonara el disparo de salida. Casi se desvaneció en el aire y, tanto yo como los que me rodeaban, apenas habíamos podido dar un par de pasos.      Estaba nervioso, como otros tantos de los que estaban allí, era mi primera carrera. Cada uno teníamos nuestros propios motivos y todos se empeñaban en hacer ver que el suyo era mejor que el siguiente. Algunos corrían por dar visibilidad a alguna enfermedad rara, otros por el simple hecho de darle con la foto de la meta en los morros a algún familiar, amigo o individuo especialmente quisquilloso. Hay quien corre por sus hijos. En mi caso solo estaba allí por salir un poco de mi rutina.      El día a día como cajero en una sucursal bancaria no es precisamente un parque de atracciones. Muchos lo ven como un trabajo soñado. «Ahí, todo el día tocándote los...», bueno, ya me entendéis por donde voy. Pero eso es lo que ven los demás. Yo tengo que ver como cada día pasan por la sucu

Relato: En la catedral

En la catedral      Cada paso que daba en aquella pequeña plaza resonaba como un tambor golpeado por un niño. Las paredes de piedra que la abrigaban hacían una caja de resonancia perfecta y la ausencia de turistas generaba una sensación de vacío que ayudaba a que el sonido se volviera en mi contra.      En el suelo aún quedaban pequeños cúmulos de pétalos artificiales agrupados por el viento. La catedral era uno de los mejores sitios donde poder casarte y cada fin de semana había tres o cuatro bodas. Es sorprendente como alguien puede llegar a esperar casi un año para casarse en la catedral de Burgos.      Me senté en uno de los bancos de madera más alejados a la fachada para intentar no dejarme el cuello mirando hacia arriba. Yo nunca he sido un tipo de los que llega pronto a los sitios, pero la ocasión lo merecía y llegué unos veinte minutos antes de la hora acordada.      Comenzó a levantarse una ligera brisa heladora que me hizo tirar de la cremallera de mi cazadora hasta arriba, e

Microrrelato: No mires a la luz

No mires a la luz —Los dejaremos entrar —dijo Miguel. —Es una mala idea —replicó Carlos —. Vienen con buenas palabras y tratarán de que creamos en ellos, pero solo quieren separarnos… —No es cierto —masculló. —Solo quieren que yo muera. No puedes permitírselo. ¿Es que no lo ves? —gritó. —Lo siento, pero ya he abierto la cerradura. La puerta quedó entreabierta y el viento trajo un leve murmullo. Una luz tenue recorrió la mirada de Miguel. La linterna del psiquiatra por fin detectó una reacción en la exploración diaria. Habían pasado dos meses desde el último brote psicótico.   El relato que acabas de leer forma parte de mi libro Retales de un mundo mayor (disponible en Amazon )    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Y no olvides entrar en  http://www.evora.es  para leer más historias como esta. Créditos: Photo by Joshua Gresham on Unsplash

Microrrelato: La luz

La luz      Abrió la puerta y allí solo se encontraba un niño como de ocho años que no decía ni palabra. Sin ver a nadie más, lo hizo pasar para que pudiera resguardarse de la lluvia. Las visitas que recibía eran realmente escasas, a su edad pocos querían escuchar sus batallitas de juventud que vivía como presente una y otra vez.      Apañó de la cocina unas pocas galletas que quedaban en un frasco y un poco de leche y ofreció a su visita la mejor merienda que podía preparar. El niño se limitaba a mirarlo mientras estaba sentado en una silla donde balanceaba sus pies en el aire.      Poco a poco fue entrando la noche y cuando el cansancio le pudo, una pequeña mano lo ayudó a levantarse.      —Vamos abuelo, llevaba tiempo queriendo hablar contigo y que me cuentes las mil historias que sé que tienes para mí.      Ambos se dirigieron a la puerta mientras que su cuerpo ya inerte aún se mecía. Se detuvo súbitamente.      —Espera, Lolo. Voy contigo. Pero dame un momento que apague la tele qu

Microrrelato: El milagro

El milagro      El último clic sonó igual que todos los demás. Después de cinco años intentando ayudar a alguien el resultado siempre había sido el mismo; decepcionante.      Retiró el dedo índice del botón del ratón y, en ese momento, una enorme columna de humo ascendió girando hacia el techo de la habitación. Un haz de luz comenzó a moverse desde el suelo hasta la cima del pequeño tornado.      El humo comenzó a cambiar de color, azul, rosa, amarillo; dentro tomaban forma elementos que le resultaban familiares, pero aparecían distorsionados. Un pulgar orientado hacia abajo, una urraca que giró su cabeza como gesto de desaprobación, un fantasma colérico que no dejaba de oscilar de un lado a otro.      De pronto, la columna de humo colapsó de nuevo sobre el ordenador portátil y la luz desapareció por completo.      La oscuridad de las tres de la mañana volvió a tomar la habitación. Desde el rincón donde se había parapetado miró de reojo el último aviso que mostraba la pantalla. «Si no

Microrrelato: Los chacales y el circo

Los chacales y el circo      El golpe rotundo del primer cuchillo contra la madera me sobresaltó. Siempre me pasaba al comenzar el espectáculo.      El público de los viernes llegaba sediento de acción, con ansias por dejar sus vidas atrás por unas horas. Y lo sabíamos. El sábado ya nos relajaríamos en las funciones infantiles.      Un globo entre las piernas generó un leve aplauso. El ambiente mejoró al destrozar la manzana que    tenía sobre mi cabeza.      Shannon se tapó los ojos con un pañuelo negro. La diana y yo comenzamos a girar.      Cada lanzamiento caldeaba al público. —1,2,3...—contaban a coro. El ruido era ensordecedor —… ¡4!, ¡5!, ¡6! … —hasta que llegó la ebullición, —¡7! —, el éxtasis, —¡8! — y el silencio.      Nadie llegó a contar hasta nueve, salvo yo.   El relato que acabas de leer forma parte de mi libro Retales de un mundo mayor (disponible en Amazon )    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de c