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Microrrelato: Profesionales

Profesionales      —¡De toda la vida siempre se encargó de esto la señora María! —dijo subiendo el tono de voz —. Ella se quitaba los anillos y no paraba de remover la sangre para que no cuajara. Hacía las mejores morcillas de todo Burgos. ¡Por favor búscala…!      —¡Pero Don Manuel! —Le interrumpió su acompañante —Creo que ha tenido usted un nuevo lapsus.      —¡Maldita sea! Discúlpame hijo, son ya muchos años y la cabeza a veces me juega malas pasadas. Sacó una grabadora. La encendió y continuó hablando.      —Varón, sesenta años, presenta varias incisiones en tórax…   El relato que acabas de leer forma parte de mi libro Retales de un mundo mayor (disponible en Amazon )    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Y no olvides entrar en  http://www.evora.es  para leer más historias como esta. Créditos: Photo by Jonathan Francisca on Unsplash
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Relato: La granja

La granja      Le retiraron la bolsa de tela que cubría su cabeza y con los ojos aún entumecidos vio que se encontraba muy lejos de la ciudad.      Le escoltaban dos figuras hercúleas que lo sostenían por los brazos y lo invitaban a la fuerza a caminar por la pasarela de madera junto a un lago cercado.      Delante de él, una tercera persona abría la comitiva parloteando sin parar.      —Esta granja fue fundada por mi abuelo en el año setenta. Durante su estancia en Nueva York maduró la idea de una granja de cocodrilos. Todos los artículos hechos de esta piel eran glamurosos y estaban muy cotizados.      —Aunque fue complicado obtener las licencias, —prosiguió —siempre tuvo buenos contactos para los negocios y en poco menos de un mes estaba todo funcionando."      Aquel minúsculo hombre seguía con su soliloquio mientras caminaba en dirección a la única puerta de acceso al recinto de los animales.      —Los noventa fueron años duros y entre mi padre y yo nos vimos obligados a busca

Microrrelato: La buena vida

La buena vida      Temblábamos a cada paso que daba el gigante hacia nosotros. Muertos de miedo sosteníamos una honda en una mano y junto a la otra, una pila de piedras que se desmoronaba con cada zancada de la furiosa mole.      A nuestra espalda, el castillo que nos brindó una vida de reyes desde que nos contrataron como matagigantes y, justo frente a nosotros, ese maldito motivo por el cual nunca debimos mentir en nuestro currículum.   El relato que acabas de leer forma parte de mi libro Retales de un mundo mayor (disponible en Amazon )    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Y no olvides entrar en  http://www.evora.es  para leer más historias como esta. Créditos: Photo by Tony Findeisen on Unsplash

Microrrelato: Algún día en la playa

Algún Día En La Playa     —Primero —pensó un momento —tenemos que buscar una concha, lo más plana posible. Es importante que no sea muy grande.     —¿Cómo ésta? —Dijo Jaume.     —Puede valer. Ahora tienes que agarrarla fuerte con dos dedos. Pero siempre manteniendo ligeramente la inclinación. —Tomó otra concha similar y la sujetó de ejemplo —. Más o menos así. —Hizo una pausa y prosiguió —Ahora colócate a un par de metros de la orilla y corre hasta casi tocarla con los pies. Y, en ese momento, la lanzas con todas tus fuerzas desde la altura de tu rodilla hacia el mar.     —¡Vale! La sujeto como tú dices, correr y lanzar… —dudó un instante —¿Y cómo sabré si lo hice bien?     —La concha rebotará como un pez —afirmó.     —¿Y si fallo?     —Quedará clavada en el plástico y será fácil cogerla y probar de nuevo.     Por un momento Jaume quedó en silencio.     —Abuelo, ¿qué es un pez?   El relato que acabas de leer forma parte de mi libro Retales de un mundo mayor (disponible en Amazon ).  

Microrrelato: El contestador

El contestador     Había pedido a los Reyes Magos que le devolvieran a su papá. Aun sabiendo la verdad, fue lo primero que pidió en cuanto aprendió a escribir. A cambio les regalaría el traje de gala y la medalla al valor que les trajo el coronel.     La mañana del día de Reyes bajó corriendo al salón. No había ningún regalo, solo un viejo teléfono fijo que estaba enchufado a la toma eléctrica.     —Tienes que descolgar y escuchar. —Le comenté emocionada.     Después de varios tonos salió la elocución: «Hola, en este momento no puedo atenderte, pero te llamaré en cuanto escuche el mensaje. ¡Hablamos!».     Desde ese momento, no he conseguido que se separe del teléfono.   El relato que acabas de leer forma parte de mi libro Retales de un mundo mayor (disponible en Amazon ).    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Y no olvides entrar en  http://www.evora.es  para leer más historias como e

Microrrelato: El pozo (incluye promoción libro gratis)

El pozo     Las existencias de madera se agotaron en el aserradero pocas horas antes del cierre, el día de Nochebuena. Los más rezagados seguían asegurando puertas y ventanas.     La cena de Nochebuena comenzaba a la hora de la merienda y con la llegada del ocaso, todos se apresuraban para apagar los fuegos y tapiar las chimeneas.     Los niños bajaban a los sótanos. La norma básica era no hacer ningún tipo de ruido hasta la mañana de Navidad.     Al caer la noche, el sonido de cascabeles rebotaba por las paredes del pueblo. Después, con cada «¡Ho!¡Ho!¡Ho!» el ambiente se tensaba. Recorría cada una de las casas, cada chimenea buscando un resquicio por donde pasar.     Con las primeras luces del día las calles quedaban mudas. Los lamentos tímidos salían por las cicatrices que dejó el hacha en las puertas. Los gritos de los que perdieron todo se apoderaban del ambiente.     Los niños aún frenéticos, salían corriendo hacia el pozo en la linde del bosque donde, como cada año, aparecía un j

Relato: El zumbido de las libélulas

El zumbido de las libélulas El móvil vibró encima de la mesilla junto a la cama. A tientas buscó el interruptor de la lámpara, la encendió y cogió el teléfono. —¿Quién es a estas horas? — Farfulló Ana que dormitaba junto a él. —Se está liando y bien en la sierra —Dijo Pucho mientras descolgaba las piernas por el lateral de la cama—. Nos piden a todos que vayamos ahora. —¡Tus jefes no respetan nada!, ayer llegaste a las mil con el tema de organizar la base y ahora no tienen la decencia de dejarte dormir un poco. —Sonaba muy enfadada, pero estaba derrotada por el sueño. —No te preocupes, estaré bien —dijo girándose hacia ella y recostándose ligeramente sobre la cama le dio un beso y una pequeña caricia en la mejilla—. Nos vemos luego. Acto seguido se levantó y comenzó a vestirse con la ropa del día anterior que reposaba en una silla a los pies de la cama. Se puso el pantalón vaquero y abrochó el cinturón. Siguió con la camisa y la comenzó a abotonar mientras se colaba los zap