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Microrrelato: Verbena

Verbena Date prisa, que nos queda una hora para cerrar la farmacia y tenemos que dejar todo listo. Primero te centras en las cajas que ya caducaron que son las más fáciles de preparar. Asegúrate que la impresora tenga etiquetas; enciendes el ordenador, entras aquí y le das a imprimir. Pega siempre dos etiquetas para que no se vea la fecha original. Tienes que preparar veinte cajas. Si no tuvieras suficientes, tendrás que preparar algunas de las que están aún en fecha. Abres la caja y sacas todo encima de la mesa. Con una aguja muy fina perforas uno a uno todos los preservativos. Busca una zona próxima a una esquina y con cuidado introduces la punta hasta perforar el contenido una o dos veces, no más. Ten ojo de no romper el envase por el lado contrario, que no queremos que se note. Vuelves a introducir todo en la caja y lo cierras con una etiqueta. Cuando llegue la hora del cierre, pasará por la puerta trasera Josete, el concejal de festejos. Dale todo dentro de una bolsa de basura neg
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Microrrelato: Patatas con forma de patata

Patatas con forma de patata Acababa de oscurecer cuando un sonido gutural invadió los pasillos de mi orfanato. Esto sucede todos los años en el solsticio de invierno. El resto de los chicos palidecieron, sin embargo, a mí me alegraba. El ruido anunciaba que esa noche la cena sería especial. Dejaríamos de lado el puré de guisantes y cenaríamos asado y ¡patatas con forma de patatas!; nada que pareciera haber sido masticado con anterioridad. Pronto nos llevaron a nuestras habitaciones y todos nos quedamos en silencio. Los más jóvenes estaban en las habitaciones más cercanas a la escalera de entrada. Mi habitación era la última del pasillo y eso me hacía vivir la noche de otra manera. Los tacones de la directora rompieron el silencio del ala de dormitorios. «Uno, dos, tres pasos», no es Chechu. «Cuatro, cinco, seis», ni Miguel. «Siete, ocho», y los pasos cesaron. La puerta de la habitación de Juan gruñó al abrirse. Tras una eternidad en silencio, los pasos comenzaron a alejarse. Entre las

Microrrelato: ¡Y que sea sincero!

¡Y que sea sincero! Empujó levemente su pecho en una sutil invitación para que se tumbara en la cama. Se colocó sobre él, sentándose sobre su abdomen. — ¡No sabes cuánto he esperado este momento! — Exclamó suavemente mientras comenzaba a quitarle la camiseta de Star Wars que llevaba. Envuelta por la emoción, comenzó a darle besos por el torso, ascendiendo hacia el hombro y finalmente derritiéndose en su cuello. Entre caricias nerviosas, tomó una de sus manos y la llevó junto al cabecero. Sacó del bolsillo trasero de su pantalón unas esposas cubiertas de plumas. Una sonrisa cómplice se pintó en la cara de su compañero. — ¡No puedo creer que vaya a hacerlo! — Dijo ofreciendo su mano izquierda para ser engrilletada al cabecero de forja. — Es mi primera vez también. — Le susurró al oído mientras tomaba su mano derecha y la asía igualmente a la cama. — ¿Tanto se me nota? — Si, pero no te preocupes, llevaba tiempo buscando a alguien como tú. — Sacó un pintalabios y comenzó a garabatear sobre

Microrrelato: La carta

La carta Desde el visillo de su habitación esperaba impaciente que el cartero se alejara un poco más del buzón. Bajó corriendo las escaleras que llevaban a la entrada principal, cruzó el jardín y abrió el buzón. Empujada por la ilusión, ojeó de manera apresurada las cartas. Cogió una y la abrazó fuerte contra su pecho al tiempo que daba saltos de alegría y el resto caían al suelo. Con la misma velocidad que salió, volvió a entrar. Ya en su habitación, cerró la puerta y apoyó una silla contra ella para evitar interrupciones. Se sentó en la cama y abrió la carta. Devoraba el texto y mientras avanzaba una enorme sonrisa tomaba forma en sus labios. —¡Me quiere! —gritó abrazando la almohada. Con un poco de alcohol, borró el nombre de su hermana del sobre y la guardó con las demás.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Créditos: Photo by Anjali Mehta on Unsplash

Microrrelato: El paraguas

El paraguas Cuando llegó, la puerta estaba ligeramente abierta. Había barro repartido de manera dispar, formando un camino que se adentraba en la casa. Un ligero hedor hizo que cubriera su nariz con un pañuelo. Con la otra sujetó con fuerza el paraguas. —¿Hola? —Alzó la voz esperando que nadie contestara. —Hola Ana. Estoy en la cocina. Todas las luces de la casa estaban apagadas. Por las ventanas entraba un poco de luz tenue de la calle. Se armó de valor. La tierra del suelo crujía a cada pisada que daba y el mal olor se hacía insoportable. Ya en la puerta de la cocina, vio a contraluz la silueta de una persona de vestiduras rasgadas. Estaba a punto de darle al interruptor cuando la interrumpió. —¡No enciendas la luz! — Dijo al tiempo que un rayo iluminó la estancia. La miraba fijamente. Su rostro estaba cubierto de gusanos que le devoraban parte de los labios. Su ropa era haraposa y dejaba entrever el cuerpo medio descompuesto. De sus manos caía una mezcla de insectos, carne y lodo. —

Microrrelato: El acantilado

El acantilado Paró su coche muy cerca del acantilado. Bajó apresurado dejando la puerta abierta. — ¡Papá!, ¡por favor!, ¡aléjate del borde! — Gritó. Mientras se alejaba del coche, su padre comenzó a hablar. — Hay muchos tipos de amores hijo, y yo por tu madre lo haría todo. — Tenía los ojos enrojecidos. — No pienso perderla. ¿Entiendes? Casi nos arruinamos otras veces, pero ninguna como esta. — Su tono se volvió rabioso. — Y con el cabrón de Cayetano rondando a todas horas por casa. ¡El maldito hijo de papá! Siento que se me escapa. ¡Se me escapa! Pero que no piense ese cretino que será así de fácil. — Estaba fuera de sí. — Te entiendo, — Dijo mientras se acercaba poco a poco a su lado. — seguro que entre los dos podemos solucionarlo... — Lo más importante para tu madre siempre ha sido el dinero, sus fiestas, mantener su estatus… Te enviamos al internado para que todo eso no parara. — Sus ojos se inundaron de lágrimas. — Yo siempre he intentado conseguir el dinero suficiente para que n

Microrrelato: El mapa

El mapa Entró en casa escapando del calor de agosto cuando una brisa fría refrescó su cara y erizó su piel levemente. Sin duda, se había vuelto a dejar encendido el aire acondicionado. Dejó sobre un pequeño mueble del recibidor su gorra y el plano donde todos los días marcaba las zonas que había revisado. Al pasar del recibidor al salón, vio de reojo al fondo del pasillo como su hijo estaba jugando en el suelo con unos bloques de construcción. Llevaba varios días empeñado en construir una especie de fabrica o un granero, pero nunca le decía exactamente que era. Abandonó la idea de apagar el aire y se acercó a él. — Hola Carlos, ¿qué construyes? — Desde el suelo, le miraba sin decir nada, solo señalaba junto a la torre más alta de bloques. — Bueno, es hora de ir a descansar. —  Prosiguió mientras le tendió la mano para levantarlo del suelo. Cuando se la tomó, un escalofrío subió por su brazo y recorrió su columna vertebral, pero él se resistió a realizar ningún gesto. Tiró levemente y l