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Microrrelato: El pozo (incluye promoción libro gratis)

El pozo     Las existencias de madera se agotaron en el aserradero pocas horas antes del cierre, el día de Nochebuena. Los más rezagados seguían asegurando puertas y ventanas.     La cena de Nochebuena comenzaba a la hora de la merienda y con la llegada del ocaso, todos se apresuraban para apagar los fuegos y tapiar las chimeneas.     Los niños bajaban a los sótanos. La norma básica era no hacer ningún tipo de ruido hasta la mañana de Navidad.     Al caer la noche, el sonido de cascabeles rebotaba por las paredes del pueblo. Después, con cada «¡Ho!¡Ho!¡Ho!» el ambiente se tensaba. Recorría cada una de las casas, cada chimenea buscando un resquicio por donde pasar.     Con las primeras luces del día las calles quedaban mudas. Los lamentos tímidos salían por las cicatrices que dejó el hacha en las puertas. Los gritos de los que perdieron todo se apoderaban del ambiente.     Los niños aún frenéticos, salían corriendo hacia el pozo en la linde del bosque donde, como cada año, aparecía un j
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Relato: El zumbido de las libélulas

El zumbido de las libélulas El móvil vibró encima de la mesilla junto a la cama. A tientas buscó el interruptor de la lámpara, la encendió y cogió el teléfono. —¿Quién es a estas horas? — Farfulló Ana que dormitaba junto a él. —Se está liando y bien en la sierra —Dijo Pucho mientras descolgaba las piernas por el lateral de la cama—. Nos piden a todos que vayamos ahora. —¡Tus jefes no respetan nada!, ayer llegaste a las mil con el tema de organizar la base y ahora no tienen la decencia de dejarte dormir un poco. —Sonaba muy enfadada, pero estaba derrotada por el sueño. —No te preocupes, estaré bien —dijo girándose hacia ella y recostándose ligeramente sobre la cama le dio un beso y una pequeña caricia en la mejilla—. Nos vemos luego. Acto seguido se levantó y comenzó a vestirse con la ropa del día anterior que reposaba en una silla a los pies de la cama. Se puso el pantalón vaquero y abrochó el cinturón. Siguió con la camisa y la comenzó a abotonar mientras se colaba los zap

Relato: Piel de leopardo y especias

Piel de leopardo y especias     ¿Sabes esos días que no necesitas despertador para levantarte? Pues precisamente hoy es uno de ellos. Llevo toda la noche a medio dormir. Me habré despertado como unas cinco veces. Hacer papeleo desde siempre me dio muchos nervios, que si firmar documentos enormes en los que no te da tiempo a leer toda la letra pequeña, que si ir a un sitio e interactuar con la plebe que solo quieren mi dinero. ¡De todo esto se encargaba mi Manuel que en paz descanse!     No tendría que hacerlo si el muy cabrón no se hubiera ido de putas todos los viernes de los últimos quince años. Al principio yo no sospechaba nada, pero, se fue relajando y cada vez ponía menos empeño en que yo no me enterara. Yo sospechaba algo porque tener una reunión de accionistas a la semana no era muy normal y aún lo era menos que algunas de estas reuniones fueran en fechas señaladas. Pero hace un mes mis dudas se desvanecieron cuando me dijo «Celia, quiero el divorcio». ¡Mira! Se me empezó a hin

Microrrelato: Sin miedos

Sin miedos     El cielo estaba totalmente despejado ahí arriba y eso me permitió ver como el motor derecho saltaba en pedazos al engullir un pajarraco enorme que salió escupido como si de una licuadora se tratase. Inmediatamente comenzamos a caer.     Yo seguía mirando por la ventanilla sonriendo. Me resultaba gracioso como nos zambullíamos en las nubes y salíamos por el otro lado cambiando totalmente el paisaje. Después de un par de «wiskis» y otros tantos tranquilizantes no podía dejar de sonreír.     Miré por un momento a mi compañero de fila, tenía colocado el chaleco salvavidas y la cabeza incrustada en sus rodillas. «¿Cómo puede poner esa postura? ¡Si a mí apenas me llega para que me entren las piernas!» pensé y comencé a reír a carcajadas mientras me miraba de reojo.     La sensación que recorría mi cuerpo era extraña, a parte de las cosquillas en el estómago por el descenso y las vibraciones del aparato, había desaparecido totalmente ese miedo que me bloqueaba cada vez que tení

Microrrelato: No compres, ¡adopta!

No compres, ¡adopta!      El agente abrió la puerta metálica que daba a la sala donde descansaban los perros.      —Para adoptar debes tener la mente abierta. —Dijo mientras se apartaba de la entrada dejándome paso.      Asentí con la cabeza y comencé a caminar por el patio central. A los lados había varios recintos donde alojaban a los canes que ya habían completado sus años de servicio. Había de todas las razas y me gustaba la idea de poder tener un perro poderoso y bien adiestrado. Vi tras una de las vallas un Rottweiler, pero, al acercarme a él, solo se limitó a levantar un poco la cabeza sin despegar su panza del frescor del suelo.      Continué caminando despacio bordeando la sala y el comportamiento se repetía una y otra vez por los animales, preferían mitigar el calor del verano a conocer a un nuevo dueño.      —¿Siempre son así de tranquilos? —Pregunté al agente que me acompañaba.      —Si cada mañana hacen sus ejercicios, sí. —Sonrió.      Lo miré arqueando una ceja y volví a

Microrrelato: Verano

Verano      Acampábamos en una pequeña explanada de tierra junto a una duna que nos separaba del mar. Desde que tenía uso de razón, los veranos habían sido así. Cuando terminaba el colegio, mi padre y los padres de mis amigos se marchaban en busca del mejor sitio para colocar las tiendas de campaña durante los meses de julio y agosto. Alrededor de estas construían zonas comunes donde cocinar o pasar el rato jugando a las cartas.      Esos dos meses mis padres y nosotros tres dormíamos todos juntos en una enorme tienda de las que para montarlas tienes que hacer una pequeña formación en la NASA. De hecho, estoy seguro de que si hubieran existido tiendas como las de ahora no hubiéramos podido estar solos en mitad de la nada.      Justo delante de la zona de día teníamos un pequeño carril de tierra ovalado. Quizá tuviera como 50 o 100 metros en la recta, pero para un niño de 7 años como yo eso era lo más parecido a una pista de fórmula uno y, justo ese año, todos los hermanos mayores había

Microrrelato: La habitación

La habitación      Agazapado bajo la cama esperé a que el minutero diera la última vuelta antes de la media noche. Era lo que siempre había visto en las películas y podía quedar raro si empezaba mi pequeño espectáculo antes de tiempo.      Me deslicé hacia el lado donde dormía ella y me puse en pie. Concentré mi energía en la mano derecha y acaricié con suavidad su cara. Una tenue sonrisa se pintó en sus labios. Volví a rozar su mejilla provocando un leve cosquilleo en la zona. En un movimiento eléctrico, ella movió el brazo y comenzó a rascarse.      Coloqué mis manos juntas sobre su abdomen. Las alejé un poco y concentrando todas mis fuerzas en ese punto las lancé contra ella consiguiendo hundirla levemente contra el colchón. Sus ojos se abrieron como platos y clavó su codo en el costado de su pareja.      —¿Qué haces?      Él comenzó a palpar la mesilla de noche en busca del interruptor de la lámpara. La encendió y se incorporó en la cama.      —¿Dormir? —Respondió sin entender much