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Mostrando entradas de octubre, 2020

Microrrelato: El acantilado

El acantiladoParó su coche muy cerca del acantilado. Bajó apresurado dejando la puerta abierta.— ¡Papá!, ¡por favor!, ¡aléjate del borde! — Gritó.Mientras se alejaba del coche, su padre comenzó a hablar.— Hay muchos tipos de amores hijo, y yo por tu madre lo haría todo. — Tenía los ojos enrojecidos. — No pienso perderla. ¿Entiendes? Casi nos arruinamos otras veces, pero ninguna como esta. — Su tono se volvió rabioso. — Y con el cabrón de Cayetano rondando a todas horas por casa. ¡El maldito hijo de papá! Siento que se me escapa. ¡Se me escapa! Pero que no piense ese cretino que será así de fácil. — Estaba fuera de sí.— Te entiendo, — Dijo mientras se acercaba poco a poco a su lado. — seguro que entre los dos podemos solucionarlo... — Lo más importante para tu madre siempre ha sido el dinero, sus fiestas, mantener su estatus… Te enviamos al internado para que todo eso no parara. — Sus ojos se inundaron de lágrimas. — Yo siempre he intentado conseguir el dinero suficiente para que no me…

Microrrelato: El mapa

El mapa
Entró en casa escapando del calor de agosto cuando una brisa fría refrescó su cara y erizó su piel levemente. Sin duda, se había vuelto a dejar encendido el aire acondicionado.
Dejó sobre un pequeño mueble del recibidor su gorra y el plano donde todos los días marcaba las zonas que había revisado.
Al pasar del recibidor al salón, vio de reojo al fondo del pasillo como su hijo estaba jugando en el suelo con unos bloques de construcción. Llevaba varios días empeñado en construir una especie de fabrica o un granero, pero nunca le decía exactamente que era.
Abandonó la idea de apagar el aire y se acercó a él.
— Hola Carlos, ¿qué construyes? — Desde el suelo, le miraba sin decir nada, solo señalaba junto a la torre más alta de bloques. — Bueno, es hora de ir a descansar. —  Prosiguió mientras le tendió la mano para levantarlo del suelo. Cuando se la tomó, un escalofrío subió por su brazo y recorrió su columna vertebral, pero él se resistió a realizar ningún gesto.
Tiró levemente y lo aco…

Microrrelato: Remates

Remates
Habría cogido alguna vez un hilván de no carecer de la tercera falange de su dedo índice. La exactitud era necesaria para su trabajo, usando para tal fin una grapadora heredada de su madre que perforaba la tela delicadamente, dejando las grapas con las puntas hacia fuera. Su labor era precisa y podía llevar varios días conseguir la forma correcta.
Al final del proceso fijaba la tela con un adhesivo casero que proporcionaba suficiente flexibilidad y sujeción como para retirar el metal.
El peluche finalmente quedaba terminado al incorporar, con delicadeza, un cabello de la persona indicada.
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