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Mostrando entradas de marzo, 2022

Relato: el entrenamiento

El entrenamiento     Desperdiciar fuerzas conmigo. Eso era lo único que le importaba después de haberme cruzado la mano por la cara como un tren que arrolla a un conejo insignificante. Imparable. Sin inmutarse lo más mínimo.     En la academia O'Connor nos inculcaron desde el primer día que el hombre que proporciona información era un cadáver en potencia. Ya sea porque nos liquide su captor o porque nuestro propio gobierno decida que ya no es de utilidad.     La primera semana de formación es relativamente variada. El señor M se limita a pasear entre nosotros con una libreta deseando tachar el siguiente nombre.      El barracón donde vivimos apenas tiene un tragaluz en el techo y salvo cuando entra él y se va, no tenemos noción alguna del momento del día en el que estamos. Las raciones de comida son claramente insuficientes y las colocan en el centro de la sala en una posición intermedia entre las literas. Solo hay comida para un par de nosotros y, en cierto modo, esto ya es una

Relato: cita a ciegas

El relato de esta semana va de valorar a las personas que nos rodean y no perder el tiempo en cosas que no lo merecen. Sin más os dejo con el relato: cita a ciegas. Espero que os guste Cita a ciegas     Hasta esta noche no sabía que un trozo de cartulina podría ponerme tan nervioso. Lo tengo delante de mí, sobre el tapete de flores de una mesa redonda, sujeto por un portafotos de plástico amarillento y junto a una vela. «Diecisiete».     Pensaréis, pero si no es el primer día que vienes al local, ¿por qué precisamente hoy estás tan nervioso? Lo primero, es la primera vez que ella se ha dignado a aparecer. Me ha costado cambiar como veinte veces la foto de perfil de mis redes. Inventarme nombres exóticos que llamaran su atención. Incluso he pagado alguna que otra campaña publicitaria en eso del «Feisbu» para que le surgiera la curiosidad por mí. Pero el amor es así, no tiene límites.     La primera noche que vine conocí a Mariela que, aunque estoy seguro de que no era su auténtico nombr

Relato: el refugio

    El relato de hoy va de llevar al límite las expectativas que tiene el resto del mundo de nosotros. Hacernos fuertes y vencer a las adversidades aunque a veces duela. Espero que os guste el relato: el refugio. El refugio     Al apartar la rama un enjambre de luces iluminaron el camino hasta la puerta del refugio. Miré a ambos lados antes de poner el pie en el comienzo del camino adoquinado, pero no encontré rastro de ellos y, sin reflexionar, decidí seguir con mi camino. Estiré la pierna derecha y apoyé la planta de mis Converse sobre el suelo marrón y ligeramente resbaladizo. En ese momento los minúsculos puntos led que iluminaban la senda comenzaron a zumbar y a ascender. Eran como un millón de luciérnagas atraídas hacia las estrellas como si un dios tirara de unos hilos invisibles hasta dejar todo a oscuras.     El zumbido duró aún unos segundos después de que desaparecieran y entonces un leve chasquido detrás de mí me puso en alerta.    Nada a mi derecha.    Nada a mi izquierda.

Relato: el disfraz

El disfraz     La distancia entre los dos era de unos pocos centímetros, unos cincuenta o sesenta. Exactamente la distancia que había establecido entre ellos la última mesa que decidieron comprar juntos. Ella lo miraba levantando un poco la vista para enfocar su cara e inmediatamente volvía a mirar a la base de sus codos.     Él permanecía impasible mirándola de frente, sin retirar un ápice la mirada de su rostro cabizbajo mientras apoyaba a duras penas sus codos magullados sobre la mesa. Apoyaba su mandíbula sobre la cuenca de su dedo índice y pulgar de la mano izquierda mientras que, con los dedos de la mano derecha, acariciaba suavemente la cicatriz que hacía pocos minutos había brotado en su cara.     —Te dije que no era buena idea.     Después de un rato callado por fín se había dignado a dirigirle la palabra y, María, volvió a alzar la mirada, esta vez sin bajarla.     —En mi cabeza la imagen era bastante más idílica de lo que finalmente ha sido. Pero,  es que, ¡cómo dices que no