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Mostrando entradas de abril, 2022

Novela: No mires a los ojos. Capítulo 1

Capítulo 1     Entré siguiendo sus pasos en el amasijo de ladrillos y gotelé que parecía regentaba. Y una bofetada de aire caliente me golpeó la cara. Él siguió caminando hasta detrás del mostrador. Hasta que no entramos no pude percibir como las sandalias que llevaba rechinaban a cada paso que daba el muchacho con sus piés sin calcetines y el gustoso olor a los mejores quesos manchegos que rodeaba el recibidor.     Me paré un par de pasos después de cruzar la entrada, justo delante del mostrador y la puerta se cerró de golpe detrás de mí. Abracé la mochila y miré hacia atrás con el corazón en plena fuga de mi pecho.     —Pero no se preocupe, es que cuando abrimos para ventilar las habitaciones se monta corriente y las puertas se cierran de golpe. Por eso no tienen cristales. En fin, a nombre de quién pongo la habitación.     Dejé de mirar la puerta y la vista se acomodó al tono lúgubre que tenía aquella sala enmoquetada. El gotelé amarillento cubría paredes y techo y, salvo un cuadro

Novela: No mires a los ojos. Capítulo 0

Capítulo 0     Paré el coche junto a la entrada del motel. La única farola que regentaba el parking exterior se encendía y apagaba continuamente, como si tuviera algún tipo de tic nervioso causado por estar parada en ese lugar.     El edificio era una mole alargada con unas cuantas ventanas en los laterales y una puerta de doble hoja en uno de sus extremos. Junto a esta un tipo con unas bermudas hawaianas y sandalias de natación tenía puesto un chaleco rojizo de donde colgaba una pegatina con su nombre.     Parece que en algún momento temporal el edificio fué de color blanco, pero creo que eso fue solo el día que lo inauguraron. El hollín de los tubos de escape de la nacional seguro que había tenido algo que ver con el color gris de la pared y la piel del recepcionista.     Miré hacia la puerta y el chico me miró mientras aspiraba con fuerza el cigarrillo sujeto por sus labios y yo volví a mirar la gasolinera cerrada junto al edificio. Y de nuevo miré la luz roja que me indicaba que ha

Relato: la vecina

La vecina     Martina, mi vecina del tercero A tiene poco más de trece años. Llegó hace un lustro con sus madres huyendo de la capital.     Antes era una cría adorable que con el paso de los años se ha convertido en la mayor maleducada del mundo. Si nos ve a mí o mi marido llegando al portal, sale corriendo para entrar ella primero en el ascensor. Nos habla como si fuéramos el grupo de amigas esas a las que ve en el parque mientras fuma y bebe cerveza con una sucesión de tacos que describen las partes más íntimas de la anatomía humana. Incluso hay ocasiones en las que hace eso mismo en la entrada del bloque y para pasar parece que estamos haciendo slalom. Creo que no hace falta resumir que la jovencita nos tiene hasta el último pelo del remolino de la cabeza.     Aún recuerdo cuando llegaron y utilizamos los pomperos de mis nietos para que se entretuviera. Saltaba como una gacela de esos documentales que tanto le gustan a mi Paco. Saltaba y brincaba explotando las pompas, pidiendo que

Relato: materia prima

Materia prima     Un par de puntos rojizos brillaban junto a la cortina del salón. Con la respiración acelerada, Claudia estaba sentada en el suelo abrazándose las piernas con las manos cubiertas de sangre.      —Señorita, nos han llamado para denunciar bastante ruido, ¿se encuentra bien? —dijo Elisabeth iluminando su cara con la linterna.      —Ha llamado la vecina de abajo, ¿verdad? Esa zorra envidiosa.      —Discúlpeme pero las preguntas las hago yo. ¿Está sola?      Claudia miró hacia su izquierda y Elisabeth siguió su mirada con la linterna. Un cuchillo jamonero estaba a unos pocos centímetros de su pie. Siguió recorriendo el suelo donde un pequeño río de sangre poco a poco iba ganando caudal. Una zapatilla torcida con su inquilino aún unido a ella hizo que levantara la luz de golpe para volver a iluminar la cara de Claudia. Sacó su pistola y la apoyó debajo de la luz.      —¡No se mueva y coloque las manos sobre su cabeza!      —Usted no lo entiende. Me tiene envidia. ¿Y llama a

Relato: el pastel

El pastel      Un unicornio se paró justo delante de mis narices y empezó a chuparme la cara. Sabía que lo que yo estaba viendo distaba mucho de la realidad. En mi casa estamos yo y mi perro Charly y, a parte de nosotros, ninguno de los otros seres eran reales. Me llevé las manos a la cara para apartar a aquel caballo con DLC y se esfumó en una nube de humo blanquecino.     —¡Charly! —grité levantando ligeramente la cabeza.     Apoyé las manos en el suelo enmoquetado y tirando de abdominales recuperé con cuidado la verticalidad quedándome sentado. Comencé a escuchar los ladridos que venían desde el salón pero, por más que miré en aquella dirección, era incapaz de llegar a verlo. Un enorme trol mohoso apoyaba su espalda contra el techo mientras me miraba fijamente y cubría con una de sus patas la puerta por la que se suponía debería llegar mi compañero de piso.     Agité la cabeza buscando despejar un poco la mente y solo conseguí que todo girara de nuevo. Un “cuerpo a tierra” inconscie