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Microrrelato: El paraguas

El paraguas

Cuando llegó, la puerta estaba ligeramente abierta. Había barro repartido de manera dispar, formando un camino que se adentraba en la casa. Un ligero hedor hizo que cubriera su nariz con un pañuelo. Con la otra sujetó con fuerza el paraguas.
—¿Hola? —Alzó la voz esperando que nadie contestara.
—Hola Ana. Estoy en la cocina.
Todas las luces de la casa estaban apagadas. Por las ventanas entraba un poco de luz tenue de la calle. Se armó de valor. La tierra del suelo crujía a cada pisada que daba y el mal olor se hacía insoportable. Ya en la puerta de la cocina, vio a contraluz la silueta de una persona de vestiduras rasgadas. Estaba a punto de darle al interruptor cuando la interrumpió.
—¡No enciendas la luz! — Dijo al tiempo que un rayo iluminó la estancia.
La miraba fijamente. Su rostro estaba cubierto de gusanos que le devoraban parte de los labios. Su ropa era haraposa y dejaba entrever el cuerpo medio descompuesto. De sus manos caía una mezcla de insectos, carne y lodo.
—¡Vete de aquí! — Gritó mientras alzaba de manera amenazante su improvisado bastón.
—Te he visto esta mañana en el cementerio y he conocido ese paraguas. Un día hice un trato con su propietario, yo le aseguraba una vida de fortuna a cambio del alma de su primer hijo varón. Pero él solo tuvo una hija.
—¡Vete! — Rugió encolerizada mientras intentó asestar un golpe que le permitiera huir.
El errante paró con su mano el envite y la sujetó firmemente. La otra mano la acercó hacia el vientre de Ana.
—Es tiempo de saldar deudas.

 

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Créditos: Photo by Eunice Stahl on Unsplash


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