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Microrrelato: El mapa

El mapa

Entró en casa escapando del calor de agosto cuando una brisa fría refrescó su cara y erizó su piel levemente. Sin duda, se había vuelto a dejar encendido el aire acondicionado.
Dejó sobre un pequeño mueble del recibidor su gorra y el plano donde todos los días marcaba las zonas que había revisado.
Al pasar del recibidor al salón, vio de reojo al fondo del pasillo como su hijo estaba jugando en el suelo con unos bloques de construcción. Llevaba varios días empeñado en construir una especie de fabrica o un granero, pero nunca le decía exactamente que era.
Abandonó la idea de apagar el aire y se acercó a él.
— Hola Carlos, ¿qué construyes? — Desde el suelo, le miraba sin decir nada, solo señalaba junto a la torre más alta de bloques. — Bueno, es hora de ir a descansar. —  Prosiguió mientras le tendió la mano para levantarlo del suelo. Cuando se la tomó, un escalofrío subió por su brazo y recorrió su columna vertebral, pero él se resistió a realizar ningún gesto.
Tiró levemente y lo acompañó hasta su habitación. En silencio, Carlos se tumbó encima de la cama y comenzó a cerrar los ojos.
— Papá — Dijo medio dormido.
— ¿Dime?
— Gracias por venir a buscarme.
Él se quedó callado y dio un beso en su frente. Se incorporó y salió de la habitación enjugándose las lágrimas con el bajo de la camiseta.
Al volver a mirar para darle las buenas noches, la habitación estaba vacía. Exactamente igual que el día que desapareció.

 

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Créditos: Photo by Katie Drazdauskaite on Unsplash


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