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Relato: Los preparativos

Los preparativos

    El sol tocaba el horizonte y los grillos comenzaron a cantar debajo del remolque de los leones. La lona de la carpa principal ondeaba con la brisa cálida del verano. El rojo y el blanco parecían a ratos fundirse. Respiré profundamente y el olor a pasto seco del campo que rodeaba las autocaravanas me dibujó una sonrisa.

    Llevo más de cincuenta años trabajando en este circo y seguirá dejándome embobado ese olor junto con el del algodón de azúcar, o las manzanas cubiertas de caramelo de la señora Luisa. Recuerdo que la primera vez que me subí en una cuerda a un palmo del suelo, ella ya estaba embutiendo manzanas en el azúcar derretido.

    Bueno, a lo que estábamos, primero tienes que dar una vuelta alrededor de la carpa. ¿Ves esos hierros clavados en el suelo? Tienes que asegurar que tienen una inclinación de 135 grados con respecto a la base de la tela y no sobresalir más de diez centímetros del suelo. Con eso nos aseguramos de que no salga volando si se mueve más aire de la cuenta. Luego revisa que el borde inferior de la lona esté cubierto con un poco de arena, con esto no entrará aire y también evitaremos que algún pícaro intente colarse sin pasar por caja. Ya para rematar, pones los dedos sobre la cuerda y los mueves fuerte, como si rasgaras las cuerdas de una guitarra. Acuérdate que tiene que sonar.

    Las jaulas de las fieras es el siguiente punto de revisión, tienen que estar en posición y bien unidas a los túneles de alambre que las lleva hasta la pista correspondiente. Esto parece una tontería, pero en el 76 nos pasamos la noche persiguiendo a Remigio, el león, que decidió darse un paseo por las calles de Albacete. Recuerda: «En tornillo apretado no salen bestias».

    Ya que estás por fuera, aprovecha para quitar los trozos de entradas que siempre quedan por el suelo de la función anterior. Tenemos que dar una buena imagen.

    Después es el momento de entrar. Revisar que los asientos están perfectamente colocados. En los pasillos de acceso, apóyate en la barra de acero que sostiene la estructura y deja caer todo tu peso sobre ella. Revisa que los tacos de madera con los que nivelamos las patas no se desplazan lo más mínimo. Luego fila por fila, repite el movimiento para ver que todo está anclado correctamente.

    Y, por último, centrémonos en los elementos acrobáticos. Tienen que bajar el trapecio y te sientas sobre él. Tú pesas como treinta kilos más que Manolo, el trapecista, si pueden levantarte y no se rompe, estará bien para la función de la noche. Una vez hecho esto, desplegad la red de seguridad y verificar que todos los anclajes están en orden. Recuerda la importancia de que los mosquetones estén cerrados.

    Pero no me mires con esa cara. Ya sé que desde lo mío lo revisáis todo en profundidad, pero yo tengo que preocuparme de vosotros. Y, aunque me vendría bien un poco de compañía cuando os marchéis, prefiero seguir vagando yo solo por este terraplén.

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Créditos: Photo by Laura Louise Grimsley on Unsplash

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