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Mostrando entradas de 2021

Relato: Dinosaurios

Dinosaurios      El taxi paró junto al camino que cruzaba el jardín. Llevaba desde navidad sin venir por casa y aquí parecía que se había parado el tiempo. Las luces de adorno siguen en el porche y mi padre ha vuelto a salir en bermudas y sandalias a recibirme.      —Hola, papá.      —¡Por fin! Llevo un par de horas esperándote y nada, que no aparecías. ¿No viste las llamadas? —Se acercó y me arrancó el abrigo del brazo donde lo llevaba colgado.      —¿Ya estás otra vez con eso? Sabes que desde lo de las torres gemelas no podemos tener el teléfono encendido en el avión.      —Cierto. Venga pasa, tiene que darnos tiempo a prepararnos.      Cuando entramos en la casa me costó un poco que se acostumbraran mis ojos a aquella penumbra. La casa se había convertido en una especie de santuario con fotos de mi madre por todos lados. Más de treinta conté, ¡sólo en el salón!      Colgó mi abrigo en el perchero de la entrada junto a sus gorras y el chubasquero. Me pidió que le diera la mochila don

Microrrelato: Al rincón

Al rincón     Abrió la puerta exterior que daba al sótano. La noche estaba huérfana de luna y, como de costumbre, bajó los escalones recitando los pecados capitales.      Uno, «ira». Dos, «gula». Tres, «soberbia».     «Orgullo», «pereza» y «avaricia» y encendió la luz. Junto al interruptor, agarró el extremo de un cabo mohoso. Tiró fuertemente y la puerta se cerró como las fauces de un lobo.      La humedad cubría las paredes casi hasta el techo. En la entrada había una pequeña mesa donde dejó su cabás. En mitad de la pequeña sala, una lámpara de techo cubierta de telarañas y, debajo de esta, una silla de madera con trozos de cuerda en el suelo.      En una esquina, su paciente temblaba atado de pies y manos. Un saco de tela cubría su rostro. No necesitaba verle la cara, en su lugar alguien había escrito "pederasta" en el exterior. Con eso era suficiente.      Lo acompañó amablemente a que tomará asiento y sutilmente lo ató a los travesaños de la silla. El encapuchado comenzó

Microrrelato: Lucha de gigantes

Lucha de gigantes       La claridad que llegaba a aquel páramo de su mente quedó eclipsada por la enorme bestia alada. Batía sus alas descendiendo hasta donde se encontraba, cortando el camino que después de mucho tiempo se había decidido a recorrer. El polvo lo envolvió.     Cuando empezó a disiparse, consiguió ver como se aproximaba un dragón de dos cabezas.     —¿Dónde piensas que vas?     —¡Por favor, cállate! ¡Déjame tranquilo de una puta vez! —Su voz se desgarró al tiempo que empujó con todas sus fuerzas aquella mole grisácea. Sus golpes resultaban estériles.      De manera repentina el reptil giró sobre sí mismo golpeándolo con la cola en el pecho y lanzándolo contra la pared de rocas que estaba detrás suya. A duras penas mantuvo el equilibrio.     —¡No vales nada! Ni siquiera mereces que pierda mi tiempo contigo. Pero aquí estoy. —la voz gutural hacía retumbar la gravilla del suelo. —Cuando todos se alejaron de ti, ¿quién estaba ahí? Y ahora que me has permitido crecer, ¿preten

Microrrelato: El premio

El Premio     Quería dedicar este primer premio a mis padres. Ellos fueron los que compraron la granja donde hoy crecen estos hermosos tulipanes.      Agradecer también la deportividad a mis compañeros de Chernóbil. Después de muchos años siendo primeros, han sabido encajar con deportividad su segundo puesto.      Por último, quiero dedicárselo a la generación de mi abuelo, llena de hombres recios y tercos sin los cuales no se habría producido la gran guerra. Aún conservamos en su memoria alguna bota militar junto al campo de cultivo. Gracias a ellos, hoy tenemos un país libre y uno de los suelos más fértiles de la tierra.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Y no olvides entrar en  http://www.evora.es  para leer más historias como esta. Créditos: Photo by Alexander Schimmeck on Unsplash

Microrrelato: Penitencia

Penitencia     Dígale, agente, que no tuve más remedio que hacerlo. Cuando aparecí cubierto de sangre junto al puerto ya no había marcha atrás. Tenía que extirparlo de mi vida, ¿comprende? O Por lo menos, no dejarlo salir hasta que estuviera dentro de una celda como esta. Ahora, si tiene a bien cerrar la puerta, se lo agradezco. Por favor, páseme el pequeño frasco del interior de mi chaqueta, llegó el momento de que el señor Hyde vea el lugar donde pasará los próximos diez años.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Y no olvides entrar en  http://www.evora.es  para leer más historias como esta. Créditos: Photo by Ehimetalor Akhere Unuabona on Unsplash

Microrrelato: ¿A qué sabe el brandy?

¿A qué sabe el brandy?      Con 12 años me quedé huérfana. No es que mi padre tuviera mala salud, solamente se opuso a las ideas equivocadas y terminé llorándole junto al muro exterior de la casa. De ese momento, recuerdo que hice un movimiento brusco, zafándome del guardia que me atenazaba por los codos. Que tomé una piedra del suelo que estrellé contra la cara de aquel hijo de puta. Acto seguido él me golpeó con toda su fuerza en la cara. La hostia que me dio aún la noto en el oído izquierdo. Eso y la marca del anillo de casado del muy cerdo. Entre risas se marcharon y me dejaron llorando desconsolada.      Después de eso, pasé un tiempo alejada del pueblo. Estuve viviendo con unos vecinos hasta que mi tía Francisca recibió la carta que le envié y pudo venir a buscarme.      A los 16 ya tenía hechuras de mujer adulta y volví en busca de trabajo. No fue muy difícil. En aquel antro no le preguntaban la edad a nadie y mucho menos si enseñabas un poco de escote. Ellos buscaban a alguien

Microrrelato: El concurso

El concurso     —Vamos con la número quince: ¿Están seguros de querer volver a estar solos? —El presentador lanzó la última pregunta y la cuenta atrás de un minuto se puso en marcha.      Los dos nos quedamos mirando el piloto rojo de la cámara. Estábamos a una respuesta de cumplir nuestro deseo. El polígrafo se había mostrado implacable con las otras parejas y había abortado de manera abrupta sus sueños de adoptar o tener una carrera universitaria. Pero eso no nos pasaría a nosotros, lo teníamos claro.      Del detector salían dos brazaletes para medir la presión sanguínea que nos apretaban en el brazo. El zumbido sordo del paso de la sangre iba y venía, pero conseguimos ignorarlo. Teníamos también un par de diodos colocados en la sien para captar los impulsos nerviosos. Llevábamos una hora de concurso y el sudor de la frente causaba un falso contacto de los cables con la piel, recibiendo pequeñas descargas eléctricas. Treinta segundos y todo terminaría.     Miramos al tiempo restant

Microrrelato: Dulce sabor a margaritas

Dulce sabor a margaritas      Cojo tu mano y salimos corriendo. El cura mira perplejo nuestra huida. Tu ex suegra me golpea en la cara con un ramo de flores que decoraba la primera fila, pero no me detengo. Salto algunas piernas y te abro paso a empujones por el pasillo. La marabunta ruge a nuestras espaldas mientras salimos a la calle donde el coche nos espera.      Miro por última vez hacia la iglesia. Al fondo sigue el novio petrificado en el altar. No esperaba que me opusiera al enlace haciendo publica su aventura con el vecino del segundo, pero antes de ser el padrino, yo ya estaba enamorado de ella.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Y no olvides entrar en  http://www.evora.es  para leer más historias como esta. Créditos: Photo by Annie Spratt on Unsplash

Microrrelato: Sigamos a la estrella

Sigamos a la estrella      —Melchor, ¿estás seguro de que vamos en buen camino? —Preguntó Gaspar inquieto.      —No te preocupes, seguimos a la estrella de Belén. —Señalaba el cielo siguiendo con el índice el punto luminoso más brillante. Se apagó y volvió a encender. Lo acompañaban un par de luces rojas.      —Eso es un avión, viejo senil. — Masculló Baltasar mientras tenía la mano a la frente y agitaba la cabeza.      —No nos pongamos tensos, que ya no somos cuatro, ni estamos en el año 0. Tenemos camellos de sobra, no es necesario que echemos a suerte a quien nos comemos.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Y no olvides entrar en  http://www.evora.es  para leer más historias como esta. Créditos: Photo by Jakub Jacobsky on Unsplash