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Mostrando entradas de 2021

Relato: El brandy

El brandy      Sabes esa sensación que tienes cuando te despiertas y alguien te está respirando a un palmo de la cara con la mirada fija en ti. Pues ahí estaba yo. Con los gentiles toques rodilla-costado de mi mujer mientras me enseñaba la hora en el móvil.      Que vale que me había quedado dormido sobre el colchón de la cuna que se supone debería estar montada hace ya unos días, pero es que no me da tregua. Que si el armario para el bebé, que si el cambiador para el bebé, que si el trozo de jamón a las tres de la mañana para que el bebé salga sin un solo antojo.       —José, no entiendo como puedes haberte quedado dormido con la cuna a medio montar. ¿Me lo explicas?      Apenas había abierto el ojo y ya tenía encima la preguntita. «A ver que respondo para que no sea interpretado como un crimen de estado». Me incorporé un poco sentándome sobre el parqué, me froté los ojos y comencé a generar la correspondiente excusa.      —¿A caso crees que iba a dejar que nuestro bebé durmiera en es

Relato: La piña

Relato: La piña      Tocamos un par de veces el timbre que custodiaba la puerta de entrada, sin mucha fortuna. El barullo que se escuchaba detrás de la pared no hacía pensar en que ninguno de los que ya estaban dentro se percatara de que aún no habíamos llegado.      Raúl, mi marido, me puso ojitos como diciendo: “Si no abren, ¿nos podemos volver a casa?” y justo después saco a pasear un pequeño puchero que solo usaba para las causas perdidas. Nunca le gustaron las reuniones familiares y hacía lo imposible para evitarlas. A mí me producía una sensación extraña. Verlo allí de pie, con el labio inferior sobresaliendo, los ojos medio caídos y con una piña, como su mejor aporte a la cena, en su regazo era entre ridículo y gracioso a partes iguales.      —Mamá, ¿quieres que llame yo?      Aparté un poco el recipiente de salpicón de marisco que sostenía con ambas manos y allí estaba Mikel. Con los ojos como platos tirando de la pernera de mi pantalón y no pude más que asentir.      —Raúl, ¡d

Relato: En directo

En directo     Todos se sientan en torno a lo que ellos llaman mesa. Siempre con la mirada fija en la cámara que tienen justo en frente para no dejarla escapar. Como perros de caza levantan sus orejas al toque de un pequeño piloto rojo que ilumina el punto exacto donde dirigir sus palabras.     Para abrir boca, un barco semi hundido con una decena de migrantes desaparecidos y un barco pesquero que consigue salvar a un par de ellos. El color de la piel justifica todo tipo de fábulas con respecto a su origen y condición. Los deshumanizan. Los dejan desnudos con sus focos hasta que, consumidos, los amontonan en el centro del plató de cualquier manera.     —Quince.     De segundo plato, una madre llora a su hijo después de que decidiera ser libre desde un quinto piso. La decisión más complicada fue sencilla gracias a sus compañeros de clase. Es el momento de sacar caras borrosas, insultos y patadas. Todo el mundo sabía que no estaba bien. Todo el mundo intentaba ayudar y todo el mundo frac

Relato: Corre

Corre     Mis talones golpeaban la arena seca del camino levantando una pequeña polvareda, que al poco volvía a depositarse sobre el suelo. La sangre salía frenética de mi corazón alimentando mis músculos. Corría tan rápido como podía, pero después de tanto tiempo sin tomar una postura erguida, era realmente complicado sacar todo el provecho a mi escuálido cuerpo.     Cuando pensé que estaba lo suficiente lejos, me lancé contra uno de los matorrales que había en la linde entre el camino y el bosque y miré hacia mi punto de partida.     Mi pecho se inflaba y desinflaba sin que yo pudiera más que abrir la boca para aliviar mi necesitad de oxígeno. Intentaba permanecer inmóvil pero aún me temblaban las manos y no podía controlar el vaho que salía de mi boca.     El inicio de la senda permaneció impertérrito hasta que un par de puntos rojos emergieron de la oscuridad. Un enorme lobo de lomo plateado y barriga blanca salió de la sombra y miraba directamente hacia donde yo estaba guarecido.

Relato: El adiestrador de coches

El adiestrador de coches      No había conseguido aún despegarme el sueño de la cara y me costaba una barbaridad mantener los parpados abiertos. Llegué como unos cinco minutos antes de la hora de apertura y el portón principal del taller seguía cerrado.      Frente a este, un Mercedes estaba estacionado sobre la acera y el conductor se encontraba con un pequeño folleto en la mano de los que repartí la noche anterior.      —¿Trabajas aquí? —preguntó sin apenas darme los buenos días.      Llevaba un traje italiano con corbata estrecha de las que me daban tanto coraje ver. Los zapatos parecían que habían sido pulidos con pelo de lomo de panda y brillaban más que las gafas de sol a través de las que me miraba el tipo por encima del hombro.      —Buenos días. Sí, en cinco minutos abrimos.      —Joder, no tengo cinco minutos —dijo con tono enfadado—. ¿Tú podrías darle un vistazo rapidito?      «Vistazo» y «rapidito» son las dos palabras que más le gustan a mi jefe. De hecho, él las escucha c

Relato: La visita

La visita     Nuestra nueva casa era ligeramente distinta a como se la había imaginado. El suelo tenía un revestimiento de mármol blanco que proporcionaba a la sala principal una agradable sensación a fresco. Las paredes estaban hechas de piedra pulida y el techo estaba un poco abovedado. Quizá lo más incómodo eran las camas, que más bien parecían sacadas de un hotel cápsula de Japón.     Yo llegué en marzo y me dio tiempo a conocer un poco el sitio antes de que llegara mi mujer en junio.     Lucía, aún estaba un poco descolocada con todo esto. Estaba tan apegada a su televisión y las tertulias de Telecinco que, ahora, no encontraba que hacer con tanto tiempo libre.     Por las mañanas siempre paseábamos sin alejarnos demasiado de la entrada al panteón. Los menos afortunados, tenían que compartir una escuálida estructura vertical de cinco alturas con gente a la que nunca conoció en vida y se veían obligados a soportarse. Siempre se montaban corrillos delante de los nichos y era raro qu

Novela: El salto de los inocentes

  El salto de los inocentes Capítulo 1     Nos detuvimos junto al cordón policial. Las luces azules y anaranjadas teñían la fachada de los edificios de la calle. La vecina del segundo se asomaba curiosa entre las cortinas de su habitación entre los destellos. Un poco más arriba, en el balcón del cuarto, las cortinas del salón trataban de escaparse por el cierre empujadas por el viento. En el suelo había tres bultos de distinto tamaño cubiertos por mantas reflectantes sobre un espeso lago rojo.     El inspector Ortiz fue el primero en bajar del coche. Yo eché mano a la bolsa donde llevaba la cámara y los distintos productos para tomar las muestras. Abrí la puerta y bajé. Me quedé mirando el interior del vehículo en busca de cualquier cosa que me pudiera estar olvidan-do cuando la voz ronca del inspector llamó mi atención.     —¿Está lista, señorita Sosa?     —Sí, perdone, no quería que se me olvidará nada. Ya sabe, no estoy muy acostumbrada a hacer estas cosas y no es lo mismo aquí que

Relato: La mudanza

La mudanza      Di un par de vueltas a la llave en la cerradura y esta se abrió. La casa no era muy grande y darle un último vistazo antes de marcharme no debería costarme más de diez minutos.      En la entrada de la casa solo quedaban un par de maletas con ruedas y un perchero de madera con tres colgadores atornillado directamente a la pared y sin nada colgado.      A la derecha, una puerta daba a la cocina donde los muebles estaban huérfanos de electrodomésticos. En el suelo había pequeños restos de serrín de madera que hacían que la superficie estuviera bastante resbaladiza y decidí no tentar a la suerte. Con menos de eso resbaló mi María y, una rotura de cadera después, ya no volvió a ser la misma. “Que suerte que no estés aquí para ver esto”.      Dejé la cocina de lado y entré en el salón diáfano. En el parqué de madera y las paredes quedaban las sombras de lo que un día fueron muebles o cuadros. Pero en ese momento ya no quedaba nada.      Lo mismo pasaba en las habitaciones de

Relato: La caza

La caza     Aparcamos el mercedes en el lateral de la casa, junto a un par de olmos y una vieja bicicleta. El suelo estaba asfaltado y, al contrario que en el resto de camino desde la entrada de la finca, los neumáticos se deslizaban por él sin hacer apenas ruido.     Levanté la cabeza en dirección a la ventana de mi habitación en busca de una señal de vida. Cuando planifico una escapada de fin de semana mi hija acostumbraba a traerse a sus nuevas conquistas a casa y, cuando vuelvo antes de tiempo, me gustaba asegurarme de no encontrarme con ninguna escenita complicada. Y estaba claro que ese no iba a ser el día. Dulce caminaba hacia atrás cayendo de espaldas a la altura de la ventana junto a la cama. En la ventana contigua, un chico con el torso desnudo se reía y avanzaba en la dirección a mi hija, desapareciendo un instante después.     —Manolo, dame unos cinco minutos que tengo que solucionar unas cuestiones con mi hija.     —Un minuto o una hora. Lo que necesites, reina.     Arranq

Relato: Saltadores de humo

Saltadores de humo      —Estaremos sobrevolando el perímetro del incendio en unos tres minutos.     —Oído, Jerry —dije mientras me colocaba de nuevo el casco. Levanté la cabeza y seguí hablando.     »Chicos, este pequeño demonio se está poniendo muy feo. Parece que ha empezado con una barbacoa en una de las casas que están dispersas por la zona. El área de propagación está cubierta de chaparral y nos esperan unas agradables temperaturas de 135 grados. —Todos sonrieron—. ¡Hoy vamos a darlo todo!     Las confirmaciones se sucedieron una tras otra en mi oído, pero no los veía especialmente emocionados. El primer salto del año siempre es especial. Por un lado, está la adrenalina acumulada del que quiere empezar cuanto antes y, por otro, el miedo a poder perderlo todo. Pero de esto último no está permitido hablar hasta que termine la última misión de la temporada.     Llevábamos un par de meses practicando las técnicas de extinción y para más de la mitad de los chicos será la primera vez qu

Relato: La maratón

La maratón      El humo de la bala de fogueo ascendió después de que sonara el disparo de salida. Casi se desvaneció en el aire y, tanto yo como los que me rodeaban, apenas habíamos podido dar un par de pasos.      Estaba nervioso, como otros tantos de los que estaban allí, era mi primera carrera. Cada uno teníamos nuestros propios motivos y todos se empeñaban en hacer ver que el suyo era mejor que el siguiente. Algunos corrían por dar visibilidad a alguna enfermedad rara, otros por el simple hecho de darle con la foto de la meta en los morros a algún familiar, amigo o individuo especialmente quisquilloso. Hay quien corre por sus hijos. En mi caso solo estaba allí por salir un poco de mi rutina.      El día a día como cajero en una sucursal bancaria no es precisamente un parque de atracciones. Muchos lo ven como un trabajo soñado. «Ahí, todo el día tocándote los...», bueno, ya me entendéis por donde voy. Pero eso es lo que ven los demás. Yo tengo que ver como cada día pasan por la sucu

Relato: En la catedral

En la catedral      Cada paso que daba en aquella pequeña plaza resonaba como un tambor golpeado por un niño. Las paredes de piedra que la abrigaban hacían una caja de resonancia perfecta y la ausencia de turistas generaba una sensación de vacío que ayudaba a que el sonido se volviera en mi contra.      En el suelo aún quedaban pequeños cúmulos de pétalos artificiales agrupados por el viento. La catedral era uno de los mejores sitios donde poder casarte y cada fin de semana había tres o cuatro bodas. Es sorprendente como alguien puede llegar a esperar casi un año para casarse en la catedral de Burgos.      Me senté en uno de los bancos de madera más alejados a la fachada para intentar no dejarme el cuello mirando hacia arriba. Yo nunca he sido un tipo de los que llega pronto a los sitios, pero la ocasión lo merecía y llegué unos veinte minutos antes de la hora acordada.      Comenzó a levantarse una ligera brisa heladora que me hizo tirar de la cremallera de mi cazadora hasta arriba, e