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Mostrando entradas de 2020

Microrrelato: Cuestión de instinto

Cuestión de instinto      Sacó del bolso un pliegue de periódico y lo dejó encima de la cama. Después tomó el teléfono y marcó. Lo sostenía oprimiéndolo con el hombro derecho contra su cara mientras se colocaba el pendiente en la oreja izquierda.      —¿Policía? Quería denunciar un asesinato… ¡Si!, en la casa desde donde llamo. —Siguió abotonando su camisa blanca que estaba salpicada levemente de sangre. —Si, seguro que está muerto… Está tumbado con una almohada de sangre bajo la cabeza… Yo diría que es un ajuste de cuentas. —Ajustó su falda negra y dejó caer el teléfono sin colgar.      Se puso el abrigo de visón que le cubría desde el cuello hasta la rodilla, colgó su bolso del codo y recogió los zapatos de aguja con su mano. Aún tenía los pies deformados de la última transformación.      Saltó el cuerpo de su víctima y con paso firme salió a la calle dejando la puerta abierta. Tomó rumbo a la boca de metro más cercana. Antes de llegar, paró a comprar el periódico.      —Esta noche t

Microrrelato: La fábrica de copos de nieve

La fábrica de copos de nieve      Aterrizó el trineo cerca del centro del lago helado. La capa era aún fina y crujió con el peso de los renos. Abrió la puerta y apuntando al suelo con la mano lo invitó a bajar. Al pisar con sus zapatillas el suelo, un escalofrío lo recorrió desde el pie hasta el cuello. Acto seguido entrecruzó sobre su pecho el batín que llevaba.      —¿Dónde estamos? —Consiguió decir entre el castañeteó de sus dientes.      —Este es el punto donde se fabrican los copos de nieve. —Se bajó del trineo de un salto y sus botas golpearon el hielo creando una leve grieta. Colocó su mano sobre el hombro de Daniel y empezaron a caminar hacia el centro del lago.      —¿Y esto como va a hacer que yo crea en ti? ¡Solo eres un gordo con disfraz! —Replicó y el vaho cubrió su cara.      —Antes de ser nieve, toda el agua de las nubes es igual. —Detuvieron su marcha y comenzó a caminar alrededor de él. —Al precipitarse, algunas gotas se transforman en majestuosos y únicos copos de nie

Microrrelato: El voto

El voto      Apagó el despertador con un par de manotazos. Aún aturdido, tomó un marco de fotos de la mesilla de noche y le dio un beso.      —¡Buenos días, María! — dijo mientras lo volvía a dejar en su sitio.      Se sentó sobre en el lateral de la cama. Con aires torpones, se puso el pantalón y la camisa que dejó preparados la noche anterior. Revisó el bolsillo interior de la chaqueta para ver si estaba el sobre con su voto antes de ponérsela. Por último, se calzó y salió a la calle.      El aire era frío, pero no le molestaba especialmente. El olor de la churrería impregnaba el aire haciendo muy agradable su paseo. Después de votar ya volvería en busca del chocolate con churros de rigor.      Llegó de los primeros al colegio electoral, revisó la lista del censo en la entrada y se dirigió a la mesa asignada.      —Buenos días —Saludó sin obtener ninguna respuesta de los componentes de la mesa.      —¡Hola! Me llamo José Domínguez y he venido a ejercer mi derecho constitucional... —S

Microrrelato: Un día en la oficina

Un día en la oficina      Al ocaso me reuní con el resto de los participantes en la playa desde donde partiría nuestra embarcación. Nos escribieron el dorsal en la espalda y nos entregaron a cada uno un chaleco salvavidas. Las normas del juego eran sencillas, cincuenta embarcábamos y uno de nosotros recibiría como premio un buen puñado de billetes.      Nos remolcaron un par de millas antes de soltar el amarre. En el cielo, los pilotos rojos de los drones que retransmitían nuestra competición y la estrella polar. Había que mostrar el espectáculo a los señores que apostaban por un ganador. El mar Mediterráneo se veía apacible antes que la madera de nuestra barcaza empezara a crujir. Una gran grieta atravesó rápidamente el casco por su parte central. El agua se abrió paso inundando el cascarón en el que flotábamos a la deriva. Lo partió en dos y se hundió súbitamente. Todos quedamos flotando.      Los chalecos salvavidas estaban rellenos de gomaespuma y comenzaron a empaparse. Convertido

Microrrelato: El día después

El día después      De rodillas, negociaba la última arcada cuando se acordó de las invitaciones. De nuevo, la ira ganaba al alcohol en su cerebro. Se incorporó y salió del baño dando tumbos. Danzando de pared en pared consiguió llegar al salón.      Varias botellas de vino vacías custodiaban la mesa de centro. Junto a esta, una caja llena de invitaciones aún sin abrir. Una por cada invitado que aparecía tachado en la libreta que estaba sobre el sofá. Cogió la caja y continuó su danza acrobática hasta la cocina.      Sacó una bandeja del horno, la colocó sobre la encimera y volcó los dípticos en ella.      —Con esto, ya no quedará nada que me recuerde esta maldita boda. —Dijo con voz trabada al tiempo que palpaba sus bolsillos de manera frenética en busca de un mechero.      Cuando lo localizó, al sacarlo se le cayó al suelo el ticket de compra de su último regalo. Se agachó a recogerlo aún a riesgo de volver a vomitar y tomando el papel por un extremo, le metió fuego.      —¡Esto es c

Microrrelato: Verbena

Verbena      Date prisa, que nos queda una hora para cerrar la farmacia y tenemos que dejar todo listo. Primero te centras en las cajas que ya caducaron que son las más fáciles de preparar. Asegúrate que la impresora tenga etiquetas; enciendes el ordenador, entras aquí y le das a imprimir. Pega siempre dos etiquetas para que no se vea la fecha original. Tienes que preparar veinte cajas.      Si no tuvieras suficientes, tendrás que preparar algunas de las que están aún en fecha. Abres la caja y sacas todo encima de la mesa. Con una aguja muy fina perforas uno a uno todos los preservativos. Busca una zona próxima a una esquina y con cuidado introduces la punta hasta perforar el contenido una o dos veces, no más. Ten ojo de no romper el envase por el lado contrario, que no queremos que se note. Vuelves a introducir todo en la caja y lo cierras con una etiqueta.      Cuando llegue la hora del cierre, pasará por la puerta trasera Josete, el concejal de festejos. Dale todo dentro de una bols

Microrrelato: Patatas con forma de patata

Patatas con forma de patata      Acababa de oscurecer cuando un sonido gutural invadió los pasillos de mi orfanato. Esto sucede todos los años en el solsticio de invierno. El resto de los chicos palidecieron, sin embargo, a mí me alegraba. El ruido anunciaba que esa noche la cena sería especial. Dejaríamos de lado el puré de guisantes y cenaríamos asado y ¡patatas con forma de patatas!; nada que pareciera haber sido masticado con anterioridad.      Pronto nos llevaron a nuestras habitaciones y todos nos quedamos en silencio. Los más jóvenes estaban en las habitaciones más cercanas a la escalera de entrada. Mi habitación era la última del pasillo y eso me hacía vivir la noche de otra manera.      Los tacones de la directora rompieron el silencio del ala de dormitorios.      «Uno, dos, tres pasos», no es Chechu. «Cuatro, cinco, seis», ni Miguel. «Siete, ocho», y los pasos cesaron. La puerta de la habitación de Juan gruñó al abrirse.      Tras una eternidad en silencio, los pasos comenzar

Microrrelato: ¡Y que sea sincero!

¡Y que sea sincero!      Empujó levemente su pecho en una sutil invitación para que se tumbara en la cama. Se colocó sobre él, sentándose sobre su abdomen.      — ¡No sabes cuánto he esperado este momento! — Exclamó suavemente mientras comenzaba a quitarle la camiseta de Star Wars que llevaba.      Envuelta por la emoción, comenzó a darle besos por el torso, ascendiendo hacia el hombro y finalmente derritiéndose en su cuello. Entre caricias nerviosas, tomó una de sus manos y la llevó junto al cabecero. Sacó del bolsillo trasero de su pantalón unas esposas cubiertas de plumas. Una sonrisa cómplice se pintó en la cara de su compañero.      — ¡No puedo creer que vaya a hacerlo! — Dijo ofreciendo su mano izquierda para ser engrilletada al cabecero de forja.      — Es mi primera vez también. — Le susurró al oído mientras tomaba su mano derecha y la asía igualmente a la cama.      — ¿Tanto se me nota?      — Si, pero no te preocupes, llevaba tiempo buscando a alguien como tú. — Sacó un pinta

Microrrelato: La carta

La carta      Desde el visillo de su habitación esperaba impaciente que el cartero se alejara un poco más del buzón.      Bajó corriendo las escaleras que llevaban a la entrada principal, cruzó el jardín y abrió el buzón. Empujada por la ilusión, ojeó de manera apresurada las cartas. Cogió una y la abrazó fuerte contra su pecho al tiempo que daba saltos de alegría y el resto caían al suelo.      Con la misma velocidad que salió, volvió a entrar.      Ya en su habitación, cerró la puerta y apoyó una silla contra ella para evitar interrupciones. Se sentó en la cama y abrió la carta. Devoraba el texto y mientras avanzaba una enorme sonrisa tomaba forma en sus labios.      —¡Me quiere! —gritó abrazando la almohada.      Con un poco de alcohol, borró el nombre de su hermana del sobre y la guardó con las demás.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Créditos: Photo by Anjali Mehta on Unsplas

Microrrelato: El paraguas

El paraguas      Cuando llegó, la puerta estaba ligeramente abierta. Había barro repartido de manera dispar, formando un camino que se adentraba en la casa. Un ligero hedor hizo que cubriera su nariz con un pañuelo. Con la otra sujetó con fuerza el paraguas.      —¿Hola? —Alzó la voz esperando que nadie contestara.      —Hola Ana. Estoy en la cocina. Todas las luces de la casa estaban apagadas. Por las ventanas entraba un poco de luz tenue de la calle. Se armó de valor. La tierra del suelo crujía a cada pisada que daba y el mal olor se hacía insoportable. Ya en la puerta de la cocina, vio a contraluz la silueta de una persona de vestiduras rasgadas. Estaba a punto de darle al interruptor cuando la interrumpió.      —¡No enciendas la luz! — Dijo al tiempo que un rayo iluminó la estancia.      La miraba fijamente. Su rostro estaba cubierto de gusanos que le devoraban parte de los labios. Su ropa era haraposa y dejaba entrever el cuerpo medio descompuesto. De sus manos caía una mezcla de

Microrrelato: El acantilado

El acantilado      Paró su coche muy cerca del acantilado. Bajó apresurado dejando la puerta abierta.      — ¡Papá!, ¡por favor!, ¡aléjate del borde! — Gritó.      Mientras se alejaba del coche, su padre comenzó a hablar.      — Hay muchos tipos de amores hijo, y yo por tu madre lo haría todo. — Tenía los ojos enrojecidos. — No pienso perderla. ¿Entiendes? Casi nos arruinamos otras veces, pero ninguna como esta. — Su tono se volvió rabioso. — Y con el cabrón de Cayetano rondando a todas horas por casa. ¡El maldito hijo de papá! Siento que se me escapa. ¡Se me escapa! Pero que no piense ese cretino que será así de fácil. — Estaba fuera de sí.      — Te entiendo, — Dijo mientras se acercaba poco a poco a su lado. — seguro que entre los dos podemos solucionarlo...      — Lo más importante para tu madre siempre ha sido el dinero, sus fiestas, mantener su estatus… Te enviamos al internado para que todo eso no parara. — Sus ojos se inundaron de lágrimas. — Yo siempre he intentado conseguir e

Microrrelato: El mapa

El mapa Entró en casa escapando del calor de agosto cuando una brisa fría refrescó su cara y erizó su piel levemente. Sin duda, se había vuelto a dejar encendido el aire acondicionado. Dejó sobre un pequeño mueble del recibidor su gorra y el plano donde todos los días marcaba las zonas que había revisado. Al pasar del recibidor al salón, vio de reojo al fondo del pasillo como su hijo estaba jugando en el suelo con unos bloques de construcción. Llevaba varios días empeñado en construir una especie de fabrica o un granero, pero nunca le decía exactamente que era. Abandonó la idea de apagar el aire y se acercó a él. — Hola Carlos, ¿qué construyes? — Desde el suelo, le miraba sin decir nada, solo señalaba junto a la torre más alta de bloques. — Bueno, es hora de ir a descansar. —  Prosiguió mientras le tendió la mano para levantarlo del suelo. Cuando se la tomó, un escalofrío subió por su brazo y recorrió su columna vertebral, pero él se resistió a realizar ningún gesto. Tiró levemente y l

Microrrelato: Remates

Remates Habría cogido alguna vez un hilván de no carecer de la tercera falange de su dedo índice. La exactitud era necesaria para su trabajo, usando para tal fin una grapadora heredada de su madre que perforaba la tela delicadamente, dejando las grapas con las puntas hacia fuera. Su labor era precisa y podía llevar varios días conseguir la forma correcta. Al final del proceso fijaba la tela con un adhesivo casero que proporcionaba suficiente flexibilidad y sujeción como para retirar el metal. El peluche finalmente quedaba terminado al incorporar, con delicadeza, un cabello de la persona indicada.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Créditos: Photo by Yousef Bagheri on Unsplash

Microrrelato: La comunidad

La comunidad Ese no es nuestro estilo de familia clásica, nosotros somos más de vivir todos con todos, sin propiedades,sin pareja fija, sin hijos propios. La comunidad nos nutre de lo que necesitamos y nunca ninguno de nosotros ha tenido la necesidad de abandonarla. Pero si es lo que quieres… Los humanos siempre nos han perseguido como monstruos por alimentarnos de la sangre de sus reses, así que ve con cuidado. Seguro que tu amada solo quiere partirte el corazón.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Créditos: Photo by Ales Krivec on Unsplash

Microrrelato: Últimas voluntades

  Últimas voluntades Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva. La muy bruja no me incluyó ni una sola vez en este testamento. Pero a mis hermanas, ¡las muy arpías!, bien que les ha dejado cosas. No le bastaba con presumir siempre de su hija "la mayor", cuando ese puesto me correspondía a mí, sino que también le ha dado el coche. Y a la pequeña, ¡aquí tienes tu casa!. Nuevecita; montada; con todo pagado. Y a mí, ¿no me deja nada?. Estoy deseando que llegue aquí y me explique por qué dejo de hablarme la noche que me enterró en el jardín.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Créditos: Photo by Grant on Unsplash

Microrrelato: La primera vez

La primera vez Qué gusto da verlo todo recogido de nuevo. Ha sido un día entero limpiando. La verdad es que no recordaba cómo estaba el salón después de la última visita de Luís. La última vez que tiró al suelo los marcos de fotos familiares y arrojó contra la pared las plantas que decoraban el balcón. La última que perdió la razón. La última vez de muchas cosas y la primera de otras. Otros llegarán a esta casa y yo volveré a cambiar de nombre y de ciudad. Él, sin embargo, solo será el recluso quinientos veinte. Su primera vez.    ¿Te gustó el microrrelato? déjame tu opinión en los comentarios.  También puedes suscribirte a la lista de correo para no perderte nada. Créditos: Photo by Grant on Unsplash